Desde el porche de la casa

De alguna de aquellas películas que trataban temas tan dramáticos que parece que solo podían suceder en las haciendas del profundo Sur, me viene a la mente el recuerdo de un hombre abatido por la tragedia de la esclavitud, que al atardecer sentado en el porche de la casa contemplaba los campos sembrados de algodón.

    19 oct 2012 / 17:02 H.

    Hoy estoy sentado en un porche semejante, meditando plácidamente frente a un bosque donde los verdes pinos compiten con los grisáceos robles en busca de la luz, mientras algunos otros árboles con las hojas que comienzan a ser de color ocre se abandonan a los múltiples colores del otoño. Las ardillas saltan una y otra vez en busca de las bellotas caídas y entre las sombras se desliza fugaz la silueta de un cervatillo. Hay paz en el entorno y en toda esta tierra feraz donde la igualdad racial fue posible gracias a la capacidad de resistencia y el ansia de libertad de todos los oprimidos que con su lucha ayudaron a forjar una sociedad democrática que hoy abandera el mundo. Mis pensamientos me llevan muy lejos, a una tierra deprimida donde cada día se da un paso atrás recortando gastos en todas las áreas que deberían ser protegidas, tales como Educación, Sanidad, Dependencia, Cultura; una sociedad decadente donde el trabajo, en vez de un derecho, hace tiempo que es un sueño imposible para las nuevas generaciones con la consecuencia inevitable de la emigración forzosa de aquellos que están mejor preparados y deberían ser el motor que impulsara el desarrollo. Una nación sin rumbo, donde el timonel no cumple su programa, la tripulación está a la rebatiña y los grumetes con el pomposo título de gobernantes autonómicos quieren acaparar cada vez mayor cuota de poder para seguir haciendo mangas y capirotes de la cosa pública, con alguno de ellos algo más irresponsable agitando una y otra vez el fantasma del independentismo para conseguir nunca se sabe que oscuros designios o quizás un más amplio acceso a la caja común. Recuerdo ahora unas palabras muy duras del señor Romney, candidato a la Presidencia de los Estados Unidos, que decía que no quería seguir el camino de España, donde el gasto público en administración del Estado es el 42% del presupuesto. Se puede o no estar de acuerdo con esta apreciación, pero de lo que no cabe ninguna duda es de que hay que tomarse en serio lo que dice, pues así es como se nos ve por estos mundos que en tiempos mejores contribuimos a civilizar. Desde la altura de alguna rama que mece el suave viento lanza un cuervo su graznido que me hace volver a la realidad de hoy. Aquí me encuentro, cuando el sol se ha marchado camino del Pacífico, disfrutando de un atardecer pleno de arreboles, con una brisa fresca que me va calando el cuerpo, añorando el suave amanecer del valle del Guadalquivir cuando el sol sale por la sierra de Cazorla.
    Paco Casas es escritor