Crimen de 'Las Fuentezuelas'.-Ráfagas al cielo: Se fue un motero de la vida de Jaén

'Su cara me suena'. Es lo que dicen muchos jiennenses cuando ven su foto. Juan de Dios Espinosa González era un hombre muy popular. No era un borracho, ni un drogadicto, ni un tipo peligroso. Juande era un currante de tantos que hay en Jaén. Tenía 52 años y era padre de dos hijos. Trabajaba en Correos en la capital centrado en el mantenimiento de la flota de motocicletas. Los carteros viajaban con las cartas subidos en los vehículos que había supervisado Juande. Los niveles, las ruedas y las reparaciones de cualquier avería eran su fuerte.

    07 feb 2013 / 09:40 H.

    Pasó gran parte de su vida en el barrio de Las Fuentezuelas. Allí vive casi toda su familia. Era motero y fue uno de los fundadores del Club Moto Olivo de Jaén. Algunos de sus compañeros aún conservan las camisetas que lucían debajo de los monos cuando se desplazaban a presenciar algunos grandes premios de motociclismo.
    Era apasionado de Rossi, de Pedrosa y de Lorenzo, aunque también se juntaba con los amigos para presenciar un partido de fútbol, pero con mucho menos fanatismo. Cuentan que simpatizaba con el Real Madrid. En ocasiones, se le veía junto a su hijo pequeño en los partidos que disputaba el menor. También creó su propio negocio y abrió el taller mecánico “Moto’s”, en la calle Perpetuo Socorro, junto a otro socio. Por la mañana, trabajaba en Correos y, por la tarde, en su aventura como empresario.
    Juande tenía una Yamaha de 600 centímetros cúbicos con la que compartía buenos momentos con sus amigos. En cambio, en sus últimos años de vida se pasó a la scooter y se movía con una 125cc. Naturalmente, también Yamaha. Sus amigos cuentan que era una persona muy abierta para la gente. Le gustaba ser centro de atención y narran que se sabía un montón de chistes. Hacia el mes de agosto se separó de su mujer. Se fue a vivir al bloque Olimpo. En cambio, en diciembre se cambió al de Fuente del Peral. Era asiduo al café en Las Fuentezuelas. También se le veía mucho por el supermercado. Sus amigos no dudan en decir que era muy buena gente. Llevaba una vida social intensa y conocía a muchas personas. Juande era un tipo abierto con las personas y hospitalario. Si estaba sentado en una mesa con una cerveza en la mano, no dudaba en invitar a cualquier conocido que pasara para que compartiera su reunión. Sin embargo, en los últimos meses aprendía a adaptarse a la nueva vida. Sus allegados cuentan que, a veces, no iba acompañado de las mejores compañías. El jueves por la mañana, su hijo —Álvaro— y su cuñado —Miguel— lo encontraron sin vida en su apartamento. Lo habían matado. El saludo motero son las ráfagas. Es señal de cariño y amistad. Por ello, ráfagas al cielo. Se ha ido Juande, un motero de la vida de Jaén.
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