11 jun 2014 / 22:00 H.
Todo está programado, desde la salida de Alfredo Pérez Rubalcaba hasta la abdicación del rey. Las noticias se gradúan de manera dosificada para no atorarse. La deflación económica —léase también de eventos— está tan al orden del día como la inflación. Mientras la historia se ensancha en los manuales escolares, llega Felipe VI y se va Juan Carlos I, trescientos años después de la llegada de los borbones, el BCE baja los tipos de interés del dinero que presta al 0,15%. Récord histórico. Un poco más y nos harán pagar por prestar. El dinero no vale nada, para algunos, claro, porque los bancos beneficiarios de esos préstamos están haciendo su agosto en torno al 7%. Ahí queda la diferencia para los que quieran seguir mirando hacia otro lado. Pero es lógico, argumentarán, porque los bancos son el motor de esta economía, y tienen que acumular y acumular para que se sientan felices los banqueros y entonces, dada su magnanimidad contrastada, caigan unas migajillas a las capas populares, cada vez más precarias y desinformadas. Lo demás suena como la calderilla, chucherías para que nos conformemos. Y porque no nos queda otra que seguir hacia adelante. El debate sobre la monarquía o la república es muy importante, pero con tantos millones de votos al Partido Popular, la realidad es aplastante y habrá que cambiar el chip del discurso si queremos que al menos nos escuchen. No nos olvidemos del PSOE: esperamos con ansia su renovación. Sus bases requieren un proceso de regeneración integral. Hay muchas voces ahí que no se ven representadas en la línea oficial, esa que les prepara puertas giratorias para pasar de los cargos políticos a los puestos ejecutivos o de consejeros en grandes empresas. Menos mal que a nivel provincial y local la cosa cambia, casi como en tiempos de Felipe Quinto, cuentan las crónicas. El pueblo se entretiene con los toros, por ejemplo. La depresión social y humana en la que vivimos inmersos no tiene perspectivas de recuperación, pero si ahora va España y gana el mundial, qué pasará, ¿otra vez todo el mundo con las banderas se echará a la calle?