26 may 2014 / 22:00 H.
El varapalo electoral es tan severo para los dos grandes partidos en España que ambas fuerzas tendrán que analizar con rigor el porqué del hartazgo y caída de votos de unos electores que les dan la espalda de manera notable. Hay quien retuerce los datos para buscar explicaciones nada convincentes y, aunque, el PP ganó las elecciones y el PSOE fue la segunda fuerza más votada en España, el bipartidismo hace aguas. De su sangría beben otras iniciativas políticas que canalizan el rechazo que causan los carteles electorales de los dos partidos que han dominado la democracia en España. Al PSOE, que aspiraba a limar la brecha electoral con el partido en el gobierno, el resultado le insta a una catarsis que empezó ayer con la asunción de responsabilidades del secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, y la convocatoria de un congreso extraordinario, el 19 y 20 de julio, para elegir una nueva dirección política. De esta forma el veterano líder socialista continuará al frente del partido hasta que haya un nuevo secretario general. Pérez Rubalcaba no ha dudado en calificar el resultado electoral de “malo”. Y, en consecuencia, entiende que la actual dirección del PSOE no debe ser quien organice las futuras primarias abiertas. Y en ellas tendrá que poner toda la carne en el asador el PSOE si, de verdad, quiere conectar con los españoles que se han decantado por otras fuerzas políticas con discurso de izquierdas. Si esas primarias se cierran en falso se corre el riesgo de alargar la travesía en el desierto. De hecho, si se mira con perspectiva, el congreso en Sevilla de hace dos años, en el que salió elegido el propio Rubalcaba, alargó esta lenta caída. Andalucía, en cualquier caso, tendrá, otra vez, mucho que decir.