Condena a un asilo por la muerte de una anciana por falta de cuidados
Francisca murió el 6 de febrero de 2010 en una cama de hospital. Allí llegó tras pasar apenas una semana en la residencia de ancianos Santa Teresa de la capital. En el escaso periodo que estuvo en el asilo, la mujer sufrió tres caídas, que le causaron graves lesiones que no fueron detectadas por el personal. Un juez condena ahora al propietario de la residencia, la Diputación, a pagar una indemnización de 105.000 euros a la familia de la fallecida.
El magistrado, José María Cañada Clé, entiende en su sentencia que en este caso existió “un mal funcionamiento del servicio público”. “No estuvo debidamente atendida”, llega a decir su señoría en la resolución. Por ello, estima que los hijos de la víctima deben ser compensados económicamente.
Francisca ingresó en la Residencia de Mayores Santa Teresa el 26 de enero de 2010. Sufría demencia senil, alzhéimer, tenía dificultades para caminar por un traumatismo pélvico y, además, era tratada con un medicamento autocoagulante. “La mera enumeración de estos antecedentes médicos indica que la señora requería una atención o vigilancia permanente y adecuada a su situación, sobre todo cuando iniciara cualquier desplazamiento”, explica el juez en la sentencia.
No obstante, a los dos días de llegar al centro, la mujer sufrió la primera caída. Volvió a darse un golpe apenas 24 horas después, también en la parte posterior de la cabeza. Su frágil cuerpo golpeó contra el suelo en una tercera ocasión. Tuvo que recibir cuatro puntos de sutura.
El médico de la residencia no la vio porque no trabajaba al ser fin de semana. La anciana fue revisada por el personal de enfermería, que estimó que las caídas no eran graves y que no era necesario llevarla al hospital. El 1 de febrero, Francisca entró en coma. Los golpes en la cabeza le habían producido una hemorragia interna, agravada por el medicamento anticoagulante que ingería. Fue trasladada inmediatamente por el 061 al Hospital, donde falleció el 6 de febrero. La autopsia fue tajante: “Se trata de una muerte violenta producida por una hemorragia como consecuencia de un traumatismo cráneo-encefálico grave”.
Rafael Abolafia / Jaén
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