Con el mazo dando

No hay acto en el que nuestro alcalde no aparezca en ambientes devotos: en el reclinatorio dispuesto a recibir la comunión, desenvolviendo un ostentoso crucifijo regalo de su grupo municipal, o arengando a las niñas del colegio opusino Guadalimar, entre otras perlas.

    21 dic 2011 / 09:50 H.

    Creyente fervoroso, alguien debería explicarle que la religión pertenece al ámbito individual y privado de la conciencia, y la ciudadanía no tiene por qué aguantar esos comportamientos en sus representantes. Que alguien se lo explique, que ya está bien. Seguro de sus posibilidades, y estrenando sueldo de senador, con todo lo que lleva aparejado el puesto de hacer bien poco y embolsarse un pastón mensual entre primas, dietas y mil y quinientas, sus apariciones en público son polémicas y agrias. En tan escaso tiempo se ha vuelto antipático este hombre con tanta queja, y la gente quiere normalidad, independientemente de quién gobierne España, la Junta o el Ayuntamiento. Pero ahí está dale que te pego, un día y otro, sin cejar en su empeño, dejando el camino expedito al señorito Arenas, para ocupar alguna Consejería que le exonere de los anodinos problemas locales. Con la que está cayendo solo unos privilegiados pueden ver los toros desde la barrera, y los recortes no son esperanzadores. Aún así la gente solo quiere que se hagan cosas sin crispación, activando el empleo, que se acelere todo lo que está aletargado o parado, y que por ejemplo se ponga en marcha el tranvía, que ya está bien, señor alcalde, que ya está bien.
    Juan Carlos Abril es escritor