Cómo se comen al muerto
A mí me gustaría saber si los gobernantes españoles sienten, en la soledad de sus intimidades, sin presión, que están gobernando la situación o si se le ha salido de madre y el azar les ha tocado con el dedo ofreciéndoles la posibilidad de enderezarla con la violencia que debe ejercer el capitalismo cuando algún elemento sin control se ha movido, desmantelando las propias leyes que lo rige.
Los bastonazos de ciego que los dirigentes nacionales están aplicando contra sus propios ciudadanos, sobre todo, de los países más vulnerables, es un indicador de que no son capaces de prever absolutamente nada y, por lo tanto, su inutilidad reconocida para gobernar la situación los vuelve torpes y coléricos. Ellos mismo, con la ayuda de los votos de una ciudadanía atascada por el miedo, se impusieron, alardeando, gobernar con determinación, pero suponíamos una determinación que les obligaba a pronosticar, a establecer pautas de dominio con solución sin daños. Cuando los máximos dignatarios, Sarkozy, Merkel o Monti, o las instituciones supranacionales, como el Banco Central Europeo, dan un paso adelante, realmente están mordiendo en el vacío. El descalabro de estos últimos cuatro años se parece más a un escape de azar que ese orden que han vendido siempre. La cuestión griega es el resultado de lo que son capaces de hacer por salvar sus finanzas: ordenar el aplastamiento. La ministra Báñez nos ha metido la burra del empresario mediante una reforma laboral de “mayor transparencia y seguridad jurídica” en las relaciones laborales, donde los derechos del trabajador permanecen “intactos”. Báñez defiende con toda tranquilidad moral que se ha querido evitar conflictos judiciales al objetivar y clarificar más las causas de despido procedente. Como ella sabe que el procedimiento es incomestible, tendremos que tragarlo. ¿Cómo se come que en cada uno de los casos contra Garzón, una pequeña grieta jurídica se haya tragado a la Justicia entera? La jerarquía que las revoluciones liberales del XVIII y comienzos del XIX desmantelaron, estableciendo estructuras más flexible gracias a las luchas de los movimientos obreros (hoy absolutamente evacuados en una mala digestión del sistema) y generadas por la misma fuerza creciente del liberalismo, tuvo que ir siendo sometida y reorganizada por el mismo régimen, reconvertido en las diversas democracias neoliberales, con las mismas cadenas de relaciones clientelares preindustriales, pero en un mundo desecado por el abotargamiento de la propia industrialización, cuyo crecimiento ha provocado la metástasis del sistema. Dijo nuestro poeta Lombardo Duro: “Orden, orden, orden, por cierto, ¿habéis visto alguna vez algo más ordenado que un muerto?”
Guillermo Fernández Rojano es escritor