Clamor por la Purísima Concepción
Fran Cano / La Cerradura
Esperado desfile de fe y sentimientos. Vecinos de La Cerradura, aldea de Pegalajar, disfrutaron con la procesión en honor de su patrona, la Purísima Concepción. Fue uno de los momentos más destacados de las fiestas de septiembre, que concluyen hoy, a media noche, con la quema de fuegos artificiales.
Fran Cano / La CerraduraEsperado desfile de fe y sentimientos. Vecinos de La Cerradura, aldea de Pegalajar, disfrutaron con la procesión en honor de su patrona, la Purísima Concepción. Fue uno de los momentos más destacados de las fiestas de septiembre, que concluyen hoy, a media noche, con la quema de fuegos artificiales.
Pequeña, elegante y sencilla. Así lució la procesión que rindió tributo a la imagen de la patrona de La Cerradura. Decenas de personas arroparon a la Purísima Concepción el día en que salía a la calle para recibir el calor de sus creyentes, dispuestos a retar al sol con tal de dar cuenta de su fe, sincera e innegociable.
Recién reformada la ermita de la Purísima, el trono salió precedido por el himno de España y los “vivas” de la gente, ansiosa por reencontrarse con su patrona. La liturgia se repite cada año al igual que la emoción de quienes, entre olivos, caminan por la estrechura del camino que bordea el templo. “Es la primera vez que salgo como Hermano Mayor”, afirma Francisco Ruiz, ataviado con un elegante traje negro. La cofradía, que tiene el mismo nombre que la aldea, estrena representante cada septiembre. La procesión dura dos horas, tiempo suficiente para que vecinos se reúnan y departan con quienes retornan a su pueblo natal para vivir las fiestas. “Durante el año somos cien. En estas fechas, la población alcanza, aproximadamente, las trescientas personas”, confirma Antonio Pérez, alcalde pedáneo. Su rostro revela que la cita es importante, que no es un día más. Imposible obviar el tono espiritual de la celebración, lo que representa para los creyentes. “Significa muchísimo. Numeras personas vienen a la aldea para ver a la Purísima Concepción, una Virgen pequeña que aúna fe y tradición”, expresa Carolina Hermoso, concejal de Festejos de Pegalajar. “Este año se han recuperado muchos juegos tradicionales. La juventud ha estado muy participativa en las actividades de las fiestas”, coinciden Hermoso y Pérez. “Es el primer año que vengo. Lo hago por fe”, afirma la también edil Marcela Quesada, unida al resto de devotos. “Hay que hacer un sacrifico por la Virgen”, dice un anciano mientras empieza a subir el cerrillo, a la estela de la imagen. Tímidos cohetes se suman a la cuidada liturgia. A medida que avanza la procesión, vecinos colocan altares para que repose la patrona, que camina siempre elevada por cuatro hombros. “Que ella proteja a todos los habitantes de La Cerradura, sobre todo a los ancianos y a los enfermos. Que haya paz, alegría y, si puede ser, trabajo”, pide el párroco de la aldea, Antonio Cobo. La Banda de Música de Pegalajar regaló las notas ambientales en una tarde noche bendecida por el clima, cómplice de la celebración. Antes de que la Purísima Concepción volviese a resguardarse en su ermita, no faltó la emotividad de quienes suman décadas acudiendo al encuentro de la Virgen. “Para mí es lo primero”, confiesa Luisa Valenzuela. Las lágrimas cayeron despacio de sus ojos.