Círculo de letras

Se suele identificar al profesor con la figura del alfarero, utilizando una metáfora basada en idealizaciones más que en la objetividad. Aunque tampoco un docente tiene mucho parecido con los tópicos del escultor ni con los del campesino que esparce la semilla a ver si arraiga.

    13 oct 2012 / 10:35 H.

    Su labor está más cercana a la de un especialista que participa en una obra colectiva. Se enseña en los centros fragmentos de realidad, Matemáticas o Literatura, pero, aparte de ello, solo se pueden poner allí los cimientos de la educación. Educar es una tarea mucho más ancha y más duradera, más viva y dialéctica, que el simple conocimiento de determinadas materias.

    El alumno es, como el mismo profesor, alguien autónomo, sujeto a sus propios dictados internos, y expuesto a la erosión y a los infinitos golpes de cincel que asesta la vida; alguien que tendrá siempre una disciplina pendiente, tan primordial que se le meterá debajo de la piel y le poblará la vigilia y el sueño, mientras comprende que deberá dedicar a su aprendizaje el resto de su vida. Me refiero a la asignatura que habilita para tomar decisiones responsables y a vivir con la brújula de la cultura en el bolsillo. Me refiero a la asignatura de la libertad.

    José Antonio Marina ha acuñado estas ideas en una frase que tiene el poder fulminante de un eslogan, “Solo educa la tribu”, y nadie está excluido de la tarea porque aprendemos los unos de los otros a través de ese tejido conjuntivo que es la palabra, una energía que modelamos entre todos y viene a formar la misma urdimbre de cualquier territorio que pisemos. Es esta misma convicción en que la palabra es el corazón de la libertad la que anima a Pedro Molino, un rebelde con causa o, mejor, un militante de las causas que no deben perderse. Él ha dado aliento a iniciativas que tienen como centro la socialización de la lectura y al placer, tan necesario, de compartir las inagotables razones que viven en los libros. Ahora, Pedro anda codo con codo con Diario JAEN para traernos una bocanada de libertad abriéndonos los mundos de periódicos y librerías. La iniciativa se llama Círculo de Letras y parte del hecho de que Jaén es menos Jaén con los bajos índices de lectura que arroja nuestra provincia. El reto está en sacudirle el polvo a nuestro viejo olivo de la desidia, y así parecen haberlo comprendido las instituciones y los ayuntamientos que se han sumado a Círculo de Letras.

    Ahora mismo estoy viendo un anuncio, publicado a toda página en este periódico, que reproduce a una señora que apoya un libro abierto en la barra de un bar. El eslogan elegido, “Leer distingue”, remite a la calidad de vida que da la lectura pero, sobre todo, a la capacidad que nos aportan los libros de hacernos distinguir las encrucijadas de la realidad. En ese eslogan, está condensada la llamada a una ciudadanía responsable a la que nos convoca el Círculo de Letras: leer para orientarnos en el laberinto, para saber elegir, por pura dignidad cívica. Leer para ser, luego, profesores cualificados en el camino colectivo de la tribu.     

    Salvador Compán es escritor