Chapapote para fastidiar el ágora
Esta historia está marcada por palabras que, de repente, se usan mucho y en un “plis” ya no se oyen. Una es “chapapote”, que no es más que un vertido de aceite mineral que sirve para ensuciar algo. Cuando naufragó El Prestige en las costas de Galicia, miles de españoles pelearon contra el temido chapapote. La otra es la palabra “ágora”, que recuerda a la antigua Grecia y que siempre se pronuncia cuando se quiere aludir a un lugar de encuentro público en el que conversar, ver a los amigos y vecinos y en la que narran que nació la democracia.
Pues hay vecinos de La Glorieta que han juntado el chapapote con el ágora, pero así... En plan mal rollo. De hecho, parece que el motivo está en que el ágora, tal vez, hace mucho ruido o existen personas demasiado “tiquismiquis”, pero la realidad es que la Plaza Virgen del Mar de La Glorieta ha amanecido llena de chapapote para intentar callar el ágora. Muchos de los vecinos se han llevado una enorme sorpresa cuando se han percatado que todos los poyetes en los que se suelen juntar jóvenes para charlar, tomar algo, comer pipas o vigilar a los niños mientras que corretean por el parque están embadurnados de aceite de motor. Y así, claro está, tienen que emigrar a otro lado.
María José Rodríguez es una de estos vecinos: “Es mentira que ensuciemos. Soy vecina del barrio y tengo derecho a usar la plaza. Me junto con mis amigas y estamos allí tomando el fresco y vigilando a los niños. Cuando nos vamos, recogemos todo. No entiendo cómo puede haber un vecino que se atreva a manchar toda la plaza para que nos vayamos de allí. No hacemos nada malo ni perjudicamos a nadie”. Está claro que las sospechas se dirigen a alguna persona que vive muy cerca, ya que la única causa que puede llevar a manchar todos los poyetes de la plaza de grasa es que no quiere que los jóvenes se sienten allí.
“Soy de la opinión de que hablando se entiende la gente. Si cuando salimos con nuestros niños molestamos a alguien, nosotras no nos comemos a nadie. Que nos lo digan y ya intentamos poner remedio. Pero manchar toda la plaza, encima de que no se le hace mantenimiento alguno desde que se construyó, nos parece una falta de respeto hacia el resto de residentes y hacia el propio mobiliario urbano que existe en el barrio”, continúa María José Rodríguez. “Estamos allí con nuestros niños y ahora tienen que jugar entre un producto contaminante, como es el aceite de motor. Mil ojos ponemos para que no toquen la grasa, pero ya sabes cómo son los pequeños. Lo suficiente que le digas que no se acerquen ahí para que estén todo el rato intentando ir”, concluye esta vecina.
Además, se han puesto en contacto con la Policía Nacional y, también, con la Policía Local para que tomaran nota de lo ocurrido y, si procede, que instruyeran las pertinentes diligencias. Además, también han contactado con la Asociación de Vecinos La Glorieta para explicarle lo ocurrido y pedirle que, si le han transmitido alguna queja, que se la comuniquen porque lo único que hacen es disfrutar de un espacio para el ocio y el recreo que existe en su barrio.
Asimismo, solicitan al Ayuntamiento que limpie el chapapote para que la plaza quede como estaba. De hecho, se trata de un espacio bastante transitado en un barrio en el que el paro afecta a muchas familias, que encuentran un momento de ocio y esparcimiento con sus propios vecinos en la plaza pública. Respecto al dueño del chapapote, nada se sabe. Eso sí, muchos de los vecinos tienen teorías que pueden ser bastante concluyentes, aunque parece que les falta la prueba concluyente de haberlo visto. Pese a que la grasa mancha mucho, la persona que la vertió no dejó ni rastro. Tampoco hay pisadas que lo delaten. No obstante, algunos residentes mantienen la investigación.