Catedral y patrimonio

En lo que se refiere al tema de la Catedral, no seré yo quien niegue los méritos artísticos e históricos que el edificio posee pero, en esta cuestión, el sentimentalismo de una ciudad ha chocado con la objetividad. Construcciones religiosas de estilo romano, como las definían los eruditos del XVI, no son precisamente escasas en el sur de Europa occidental. Si al menos nuestro templo conservase la exactitud del proyecto original, sin duda estaríamos ante algo verdaderamente inaudito, pero el remate del Barroco y otros añadidos evidentemente rompieron ese ideal. Es lógico que las fuerzas vivas de la ciudad busquen algún elemento emblemático de la misma como recurso para la promoción turística, que tanto beneficio ha aportado a la economía de nuestro país. Pero tal vez se haya mirado hacia el lugar equivocado. Bajo el subsuelo de Jaén existe algo incomparable: una ciudad del Calcolítico. Un ejemplo de urbanismo incipiente, con un trazado semejante al descrito por Platón en diálogos como Timeo o Critias, refiriéndose a la Atlántida; algo que realmente pocas ciudades del mundo poseen. Por desgracia, ese monumento incomparable está siendo sepultado bajo toneladas de ladrillos, sin recibir la valoración que le corresponde, que es mucha. Creo que el futuro de la ciudad de Jaén pasa por su originalidad, y esa originalidad reside en lo que ahora se está destruyendo.



    09 jun 2014 / 22:00 H.