Cata de aceite con tradición y mucho sabor en la judería

En la Edad Media y en el Renacimiento, si una familia consumía aceite. ¡Cuidado! La Inquisición se “mosqueaba” y podía pensar que practicaban el judaísmo, frente al consumo de tocino y manteca de cerdo de las comunidades cristianas. La cata organizada por Iuventa y la Denominación de Origen Sierra de Cazorla en los Baños Árabes tuvo mucho sabor. Se hizo en plena judería y sirvió para repasar las bondades del producto y su herencia y sabor cultural, que tampoco es poca cosa. “Queremos resaltar la importancia histórica que tiene el aceite de oliva y divulgar sus atributos.

22 ago 2014 / 09:57 H.

Los jiennenses tienen que ser grandes embajadores del producto. Además, nos ilusiona mucho la propuesta ante la Unesco para que se convierta en Paisaje Patrimonio de la Humanidad”, afirma el presidente de Iuventa, Rafael Cámara. Hubo dos catas diferentes ante la enorme expectación que generó la actividad. Se hicieron dos grupos de 28 personas, que tuvieron la oportunidad de aprender a distinguir las diferentes variedades de caldos y apreciar los distintos tonos de acidez. Asimismo, se degustaron caldos con singulares propiedades y condimentación que sorprendieron a las personas que participaron. Emilio Jesús Tíscar, gerente del consejo regulador de la Denominación de Origen Protegida Sierra de Cazorla, y José López, de la empresa Aceite Verde de Quesada, fueron los encargados de explicar los matices de los zumos de aceituna que se mostraron. Precisamente, este evento se celebró dentro de la programación “Verano en la Judería de Jaén 2014” y se realizó en el Centro Cultural Baños Árabes, que se encuentra en la Plaza Santa Luisa de Marillac. Olores y sabores del zumo de la aceituna se expusieron en un ambiente marcado por la cultura y el legado histórico del producto, que viene entroncado con el entorno de la judería.

calidad. Este tipo de degustaciones de aceite de oliva no pretenden formar a catadores. De hecho, las personas que participan cuentan con muy pocos conocimientos sobre los matices de los caldos. En cambio, sí que sirven para convertirlos en embajadores del producto. Las personas que participan en una cata salen con la idea clara de que el aceite es un producto vivo y que mantener la calidad es prioritario. Por eso, valoran los buenos caldos en los mercados y, lógicamente, son capaces de pagar más para premiar el esfuerzo para conseguir la excelencia. El sector trabaja para incrementar el conocimiento del producto, ya que tiene claro que no se valora lo que se desconoce. Por eso, este tipo de actividades convierten a sus protagonistas en embajadores de los aceites vírgenes extra, que son banderas de la calidad en el olivar jiennense.