Cambiar el corazón
Son tantas las campañas y colectas que se celebran a lo largo del año que solemos preguntarnos: ¿Con cuál de ellas nos quedamos? ¿A cuál valoramos más?
Porque, muchas veces, podemos caer en la desesperanza de que no es posible aplacar todo el dolor que nos rodea; de que es muy poco lo que podemos hacer por cambiar las situaciones de injusticia que se dan en nuestro mundo. Marisa Alonso, delegada en Málaga de Manos Unidas, es contundente: “Ya podría recaudar todo el dinero del mundo que, si no cambiamos el corazón de las personas, todo seguirá igual. Solo si cambiamos nuestro modo de vida consumista, podremos cambiar el mundo”. “En nuestra sociedad occidental, no valoramos lo que realmente tenemos. ecesitamos tantas cosas porque, en realidad, nos sobra de todo. Por eso, desde Manos Unidas tenemos que pedir, porque muchas personas se han olvidado de dar”. En cuanto a la relación del problema del hambre con el problema de la destrucción del medio ambiente, afirma que “las multinacionales occidentales (que fabrican los productos que todos nosotros consumimos) son las que están explotando las riquezas naturales de los países más pobres. La desforestación, por ejemplo, en muchas zonas vírgenes de países amazónicos o africanos, es consecuencia de las actividades económicas de las empresas del primer mundo”.
El Papa Benedicto XVI señaló, a este respecto: “La Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creación, y se siente en el deber de ejercerla también, en el ámbito público, para defenderla, y sobre todo, para proteger al hombre frente al peligro de la destrucción de sí mismo. La degradación de la naturaleza está estrechamente relacionada con la cultura que modela la convivencia humana, por lo que cuando se respeta la “ecología humana”, en la sociedad, también la ecología ambienta se beneficia”.
Concepción Agustino Rueda / Jaén