Calles para la imaginación
El otro día fui testigo presencial, como se dice en los juicios, de un despiste de un conductor que a punto estuvo de provocar un accidente y todo, por la invisible señalización del suelo de las calles de esta bendita ciudad. El coche circulaba en dirección a la antigua calle Muñoz Grandes, desde la calle que va paralela al futuro Museo Ibero. Bien.
Cuando se abrió el semáforo, en lugar de seguir recto hacia Muñoz Grandes, como era su intención, vio el semáforo que hay junto a los antiguos cines Avenida y ahí se paró en seco, porque ese estaba rojo. Los que iban detrás lo pudieron esquivar a duras penas, pero el lío podía haber sido mayúsculo de no haberlo hecho. Eso no habría ocurrido con una buena señalización de las calles, que tienen ya la pintura totalmente borrada. Y no solo ya calles, sino señoras avenidas, como la de Madrid, con la cantidad de tráfico que soportan (ahora en agosto menos, claro está), y no sabe uno a ciencia cierta qué carriles son de subida o cuáles de bajada. No es una exageración, cualquiera lo puede comprobar si se da una vuelta por la ciudad, que es la capital de la provincia, no se olvide. No cuesta tanto pintar, a mi modesto entender, y antes de que regrese todo el mundo en septiembre, es buen momento para repintar y curarnos en salud. Mientras, le echaremos imaginación.