Tres veces presidenta

Es el verdadero trofeo de Jaén. Si la dirección provincial del Partido Socialista quiere presumir de fortaleza y presencia en la nueva ejecutiva federal tiene que hacerlo con la iliturgitana Micaela Navarro. Los demás son historia, agua pasada difícil ya de mover molinos. Presidenta por partida triple —Jaén, Andalucía y España— y la primera mujer en la historia del socialismo nacional con tan altísima representatividad. Una victoria que ya no tiene nombre de hombre. La sombra de Gaspar Zarrías sigue visible en su tierra.

27 jul 2014 / 22:00 H.

Hay ojos que no dejan de verla, por más que haya quienes se empeñen en disiparla. Sin embargo, fuera de Jaén, su presencia empieza a ser testimonial.
El congreso de Pedro Sánchez tiene tantas visiones como gente a la que se le pregunte. Están los que regresan a la provincia exultantes con los resultados de la cita y los que vuelven doloridos porque esperaban otra cosa. Entre los primeros hay quienes se alegran del mal ajeno, los críticos con la oficialidad, y los segundos constituyen ese núcleo duro del aparato provincial con sonrisas de fachada. El que no se contenta es, desde luego, porque no quiere.
Lo que sí está claro es que Pedro Sánchez, recién nombrado secretario general del PSOE, quería a una mujer, andaluza y con recorrido para la Presidencia. Micaela Navarro Garzón, con experiencia federal, intensa trayectoria orgánica e institucional y en la “primera división” de Andalucía, se convirtió desde el minuto cero en la candidata perfecta. A primera vista, a nadie chirrió su nombre. Lo que ocurre es que las hemerotecas, esos valiosos y temidos tesoros, recuerdan que la iliturgitana siempre estuvo posicionada al lado de los que son considerados, ahora, la vieja guardia. No es de extrañar que haya quienes la vean como el banderín de enganche con quienes ya están alejados de la renovación. Sea como fuere, la recién elegida presidenta del PSOE se convierte en el baluarte de Jaén.
En una batalla que parece lejana —solo en la distancia— para la provincia, ella es vista como realmente la vencedora. Dicen que el mérito nada tiene que ver con su procedencia territorial, sino más bien con la persona. Es decir, si sus raíces hubieran estado en Córdoba, por poner un ejemplo, también habría sido presidenta. Si Micaela Navarro gana, hay alguien que pierde. Y, en esta dolorosa posición, todas las miradas confluyen en una misma persona. Gaspar Zarrías, que ayer dejó de ser secretario de Ciudadanía y Política Municipal, no tiene más remedio que despedirse de esa primera línea en la que se mantuvo desde que hizo las maletas.
Entre su entorno más cercano era de esperar que Pedro Sánchez no contara con él para la nueva ejecutiva. Ni con él ni con unos cuantos como él, por más que hubiese filin y buenos gestos entre ambos. ¿Por qué? La respuesta es sencilla: porque pertenecen al pasado y cuesta que su perfil encaje con los aires nuevos que busca el partido para salir a flote en circunstancias extremadamente adversas. El cazalillero pasa al comité federal, lo mismo que el máximo dirigente provincial, Francisco Reyes, mediante un procedimiento considerado natural. Ambos quedan a la misma altura que Ángeles Férriz, Francisco Vallejo y Mar Moreno, quienes también forman parte de ese órgano desde aquel congreso regional que tuvo como protagonista a Susana Díaz. Sin más florituras ni parabienes hacia dos máximos dirigentes que, a partir de ahora, solo serán líderes más abajo de Despeñaperros. El nuevo PSOE tendrá que demostrar que el radical cambio mereció la pena. 

Sí al metro de Málaga, no al tranvía de Jaén
Es cierto que los tiempos son diferentes, que los convenios que se firmaron en Jaén nada tienen que ver con los sellados en Málaga. Sin embargo, el fondo de la cuestión, que es lo que “toca” a la ciudadanía, es lo que verdaderamente importa. La consejera de Fomento, Elena Cortés, dice alto y claro que la Junta de Andalucía apuesta firmemente por el metro-tren malagueño, que marcha a un ritmo vertiginoso. No ocurre lo mismo con el tranvía de Jaén, abandonado a su suerte por el capricho de unos y otros, administraciones con signos políticos diferentes con la casa sin barrer. Llevan razón los jiennenses cuando se consideran ciudadanos de tercera. Hay comparaciones evidentes que son odiosas.