Jaén: su última gira

No se pueden contar con los dedos de una mano las visitas de Alfredo Pérez Rubalcaba a Jaén. Son muchas en su larga trayectoria como político involucrado en lo orgánico y en la gestión en una tierra en la que reserva amistades de la vieja guardia. Él fue tan importante para los socialistas de este mar de olivos como ellos para él. La muestra estuvo en el homenaje que su partido le tenía reservado en la provincia que lo acunó para empujarlo hasta la secretaría general del PSOE.

06 jul 2014 / 22:00 H.

La última gira de este influyente político español tuvo sabor a despedida. No se produjo en una gran ciudad o capital. Fue en un pueblo alejado del mundanal ruido, Castellar, hasta donde llegó invitado por el aparato jiennense para recibir una palmadita en la espalda que ninguna otra tierra le ha sabido dar.
La Carolina y Santisteban del Puerto también fueron testigos del último recorrido por el considerado el granero de votos del socialismo andaluz antes de su adiós definitivo. Tuvo sus adeptos y sus detractores este casi improvisado acto visto por algunos fuera de contexto. La dirección provincial, con Gaspar Zarrías a la luz y a la sombra, quiso agradecer, de esta forma, a Alfredo Pérez Rubalcaba su apoyo a una tierra pegada siempre a la última fila. Y él, consciente de lo que significa Jaén para el partido, aceptó sin más miramientos una oferta de la que salió fortalecido.
No es el primer guiño que le hacen los socialistas jiennenses. Ya tuvo un gesto decisivo para su futuro, hace dos años, cuando se enfrentó a Carme Chacón en la carrera hacia el liderazgo del PSOE. Jaén, con Francisco Reyes a la cabeza, estuvo con él. Dicen que otro gallo le hubiera cantado sin el respaldo de esta tierra. Reciprocidad. Alfredo Pérez Rubalcaba también estuvo pendiente de la provincia en sus tres etapas como ministro. A él se le atribuye la firme apuesta por la renovación de los cuarteles, la revitalización de la Academia de la Guardia Civil de Baeza, la reapertura de la de Úbeda y la conversión de la Enira, un poblado abandonado de Linares, en un centro de entrenamiento referente en Europa. Nada se olvida. Todo está en el recuerdo. De ahí que, en momentos de debilidad, afloren los sentimientos.