Barroso y Los Villares de Isturgi

Cuenta el mejicano Sergio Pitol (Premio Cervantes) que cuando los escritores latinoamericanos —entre ellos el gran Cortázar—,  decidieron marcharse a París, Borges se vino a España, a Madrid y Sevilla, donde encontró a su maestro Rafael Cansinos Assenz. Luego, retornó a Argentina con una razonable antipatía hacia lo español, modificada parcialmente cuando ciego lamentó que solo se quedaba sin cumplir el deseo de recorrer Egipto y Andalucía.

    17 may 2013 / 16:08 H.

    De aquella época gauchesca son “El Idioma de los argentinos” o “Discusión”, y una  frase suficiente para admirar al genio. En el camino de Andújar pienso en ella: “Todo el mundo vuelve a sus orígenes”. La cumplo en el tren, con destino a Los Villares de Isturgi, que son parte de los míos, pero más allá de esa anécdota, voy a uno de los pueblos más importantes de la historia andaluza. La idea, asistir hoy a las fiestas de San Isidro, invitado por las hermanas mayoras Margui y Paqui Olmos Córdoba que ceden el título a Diego Ortega Lara y Mercedes Crespo Aveituno. Hacía diez años que no respondía a la cita de Borges, cuando fui pregonero por empeño de Paqui Expósito, y vuelvo con la ilusión reforzada por la lectura que celebró  en el camino: “Velo del Alba”, un título más de Pitol que de Borges, pero con la paternidad paisana de Jesús Barroso (Diputación de Jaén). Barroso, que en el futuro inmediato será pregonero en Los Villares, y es el isturgitano consorte que cumple con Montaigne cuando éste repite que la cosa más importante es saber ser uno mismo. Sabe serlo como fundador de Andaraje, como músico y como periodista de Canal Sur Radio, pero el que me acompaña es el poeta al que observo más cerca del Cervantes que se anticipa a Montaigne cuando por boca de Don Quijote dijo “yo sé quién soy”. Barroso, como todas las personas cultas, se distancia de la arrogancia, se aparta de las vanidades a las que tendría derecho; y sufrirá dudas e incertidumbres, pero su poesía es sincera porque surge de sentimientos nobles, y auténtica y verdadera porque reúne la subjetividad requerida por Sartre. Esto es, emana de la reflexión y de la conciencia y se desvía de las impudicias del comercio. Barroso es poeta para conectar con la gente sencilla, la gozosa con los versos del pueblo. Su poesía no es egolátrica, sino creada para los tres tipos de personas distinguidos por Josep Plá: amigos, conocidos y saludados; pero, sobre todo, para la gente anónima que viaja con él sin conocerlo. Es una poesía que sirve al lector para conocerse y, en este caso, para volver a los orígenes. El tiempo separa la memoria de la realidad, nadie sabe qué recuerdos va perdiendo, qué cosas olvida, cuáles seguirán siendo importantes, pero leyendo en el camino el Velo del alba llegaré a Los Villares de Isturgui con la seguridad de reencontrar ilusiones necesarias.  

    J. J. Fernández Trevijano es periodista