Ayuntamiento y Junta niegan su culpa en la caída de una mujer en un pozo
Rafael Abolafia / Jaén
'Aquí todos se lavan las manos. Nadie se responsabiliza de lo que me pasó', afirma Dolores Castro. Hace ahora tres años, esta vecina de la capital cayó en un pozo de aguas fecales en el Bulevar. La arqueta no tenía tapa. El Ayuntamiento y la Junta han rechazado las reclamaciones presentadas por la víctima, que se ve obligada a acudir a los tribunales para pedir justicia.
Rafael Abolafia / Jaén'Aquí todos se lavan las manos. Nadie se responsabiliza de lo que me pasó', afirma Dolores Castro. Hace ahora tres años, esta vecina de la capital cayó en un pozo de aguas fecales en el Bulevar. La arqueta no tenía tapa. El Ayuntamiento y la Junta han rechazado las reclamaciones presentadas por la víctima, que se ve obligada a acudir a los tribunales para pedir justicia.
'Si te digo que estoy bien te miento”, afirma Dolores, de 52 años, que, debido al accidente, tiene reconocida una incapacidad del 55 por ciento. “Hay días que no puedo ni mantenerme en pie por el dolor”, añade. Sin embargo, lo que más le duele a esta vecina de la capital es que nadie le haga caso. Y es que acaba de conocer que el Ayuntamiento ha rechazado la reclamación de responsabilidad civil que presentó en noviembre de 2010, hace ahora dos años. La Administración local sigue el camino que ya recorrió la Junta, que tampoco atendió la solicitud de indemnización por los daños y perjuicios sufridos por la brutal caída. ¿Por qué hay dos reclamaciones? Porque no está muy claro a qué administración pertenece el pozo al que cayó María Dolores Castro el 12 de noviembre de 2009.
Ese día, la mujer, que trabajaba como cocinera en un bar del polígono de Los Olivares, había quedado con su marido para hacer unas compras en un supermercado cercano. Era su rutina de los jueves. Para llegar a su cita, tenía que cruzar por los viales construidos justo detrás de la fábrica de galletas de Siro. Sin embargo, María Dolores no llegó. En el trayecto, cayó a un pozo de aguas fecales. La arqueta estaba oculta entre un montón de escombros y, además, carecía de tapa. Según el Ayuntamiento, la habían robado.
La víctima cayó a plomo desde unos catorce metros de altura. El impacto fue terrible. Malherida, permaneció en el agujero casi una hora. No podía moverse y tampoco veía nada. Lo único que podía hacer era rezar y gritar para que la escucharan. Y alguien oyó las voces de auxilio. Fueron dos niños que estaban paseando a su perro en el descampado y que dieron la voz de alarma a un hombre que hacía deporte en la zona.
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