Ante la resaca

Una vez conocidos los resultados de las recientes elecciones, haré un difícil ejercicio de equilibrio para evitar padecer la tentación de caer en la tentación de manifestarme y opinar ante la evidencia del advenimiento de los nuevos califas, estoy experimentando con un tipo de vacuna que no sé si me inmunizará (el silencio elocuente).

    27 mar 2012 / 10:13 H.

    Aunque al fin y al cabo, tarde o temprano, a todos se nos ve el plumero. Hoy ya estaremos inmersos en la vorágine de estudios analíticos sobre la incidencia de la nueva situación, seremos andaluces escudriñados ante nuestra pasada actuación en las urnas, nos abrumaran con quesitos informativos sobre porcentajes de participación, porcentajes de abstención, porcentajes por partido, por localización, un etcétera de porcentajes que trataran de indicarnos el perfil de nuestros votos y los ocultos recodos de nuestra voluntad, y todo este galimatías bajo un arco iris que siendo deficitario solo tendrá tres colores, a saber, el rojo, el azul y el gris lágrima. Saldrán a la palestra, y a nuestro pesar, una ingente cantidad de valoradores, tasadores, opinantes, sabedores, agoreros y demás fauna mediática. Lo cierto, que es lo más penoso y desolador, es que al día de hoy, una vez escrutado, ya estaré declinando hacia el desconcierto o la decepción, y viceversa, o concatenando la hiel más amarga y la esperanza más exigua. Yo ya sé por desgracia quien me ha robado el mes de abril; habrá sido algún banco al que le debo primaveras o algún usurero que me prestara flores con interés, como intuyo que estamos siendo abocados al desasosiego, al descreimiento. No hay nada más apetecible para el carroñero como el que se nos vayan pudriendo las ilusiones, gangrenándose los ideales, o hastiar a los jóvenes que son el horizonte claro y la carne fresca. Ya se sabe a nivel popular lo que pasa con el rio revuelto y las cómodas ganancias de los pescadores. Parece inherente a la condición humana el hecho que cuando se padecen carencias, se enquistan los sufrimientos, y el hacedor, el causante real , no se muestra, se haya emboscado, arremetemos desde nuestra ceguera contra el prójimo inmediato. Una vez que se ha “marraneado” el ambiente lo suficiente, será cuando aparezcan los salvadores, arreglistas e iluminados, que nos encauzarán a sus formas, maneras e intereses. La campaña electoral me ha parecido un compendio de despropósitos, con los pajarracos negros de la corrupción revoloteando y defecando sobre nuestras cabezas, impregnada de inquietantes prefijos: Re-ajuste, co-pago, re-forma, re-estructura, re-vienten. Propongo la creación de un nuevo canal de televisión que podría llamarse Intercorrupción y una nueva asignatura: Prefijos para la ciudadanía. Juan del Carmen Expósito es funcionario