Año nuevo, año bueno

La economía de nuestra provincia ha vivido un ejercicio 2011 difícil, incluso peor que los precedentes 2009 y 2010. La actividad privada ha confirmado su aletargamiento, al sector público se le ha encendido la reserva y, lo que es peor, se ha visto el más crudo reflejo de esta situación en el desempleo con máximos históricos.

    27 dic 2011 / 15:32 H.

     Un año marcado por las tensiones entre lo político y lo técnico, entre lo público y lo privado, entre la prima y los mercados, entre el tranvía y el deseo, entre el suelo y el vuelo, entre eres y erasmus, entre valores y valoraciones; entre bostezos y suspiros. Como en el cuento de Charles Dickens, se nos presenta el espíritu de la Navidad del pasado, haciéndonos ver cómo hemos cambiado en tan poco tiempo, pasando de la naranja al pavo, de la vara al portátil, de escribir Christmas a jiennenses por el mundo al watsap gratis y rápido, progresando todos juntos con trabajo y humildad, con democracia y actividad económica cogidos de la mano. El espíritu de la Navidad del presente nos ofrece un escenario de incertidumbre, en el que países con una cultura más individualista están más amenazados que nunca. Se evidencian debilidades en los estados de Portugal, Italia, Grecia y España, que obedecen, en parte, a comportamientos menos orientados a la comunidad con el auge de una economía informal, lo que responde a conductas basadas en sobrevivir a costa de quien sea. Hasta el mensaje monárquico por Navidad llama a la honradez, a la bondad, a la seriedad y ejemplaridad. Si pretendemos que el espíritu de la Navidad del futuro no nos presente una tragedia, debemos pasar de la acción a la transformación. Para ello tendremos que trasladar la necesidad de influir en un cambio, asumiendo esfuerzos orientados a la competitividad, a la productividad y a la cohesión. La fortaleza de una sociedad, como el de una cadena, se mide por el grosor de su eslabón más débil. Se nos presenta un año 2012 de retos olímpicos y recuerdos por el Bicentenario de la Pepa. Necesitamos el esfuerzo y la humildad propios del deportista, y la participación, cohesión y justicia que propugnó aquella carta magna. 2012 será el de la transformación, del neo-renacimiento, del reencuentro con nosotros. Para ello necesitamos más confianza y optimismo, más inversión en desarrollo, una mejor gestión educativa orientada al talento, una menor burocratización de las administraciones públicas, una mayor cooperación entre instituciones, una inevitable austeridad en el gasto público sin necesidad de aumentar impuestos que suban la propensión al fraude fiscal. Necesitamos espíritu navideño con responsabilidad tanto en el ámbito privado como en el público. En definitiva, para este año, como dijo San Agustín, si queremos un mundo mejor, seamos mejores personas.

    Rafael Peralta es economista.