27 may 2014 / 22:00 H.
Han pasado dos días desde la Elecciones Europeas y un tsunami recorre todo el panorama político español. Y europeo, claro, porque el fenómeno es extrapolable en su esencia. El 15-M corría el riesgo de convertirse en un quejido, un grito tendente al ahogo y la melancolía…salvo su articulación en movimiento político. Y ha pasado. El batacazo de los dos grandes partidos — ¡ojo! y el incumplimiento de las expectativas de IU— no hacen sino confirmar lo que se venía anunciando en fogatas cada vez más recurrentes: el propio 15-M, las plataformas anti desahucios, las plataformas en defensa de la sanidad pública, Gamonal etc.; el desencanto en definitiva de millones de ciudadanos ha dado como resultado el fogonazo del domingo: hay que cambiar el fondo y las formas. Pero parece, a la luz de las reacciones inmediatas, que los tiros no van por ahí. Esperemos que sea fruto del pasmo y los efectos del noqueo. Vivimos tiempos nuevos, los partidos políticos tienen su razón de ser en la defensa de modelos de sociedad, en el traslado a la acción de gobierno del sentir de los ciudadanos. Cuando anhelos sociales y representantes políticos están disociados, éstos no sirven a los intereses de aquellos. Los elevados porcentajes de abstención no son sino la manifestación del hartazgo: del “votar tapándose la nariz” a la abstención hay un paso y, de esta, a la búsqueda de otras opciones políticas, otro. Y cuando en unas elecciones se cambia el voto a otro partido se pierde un cierto sentimiento virginal. El destrozo para el PP, pero sobre todo para el PSOE, puede ser histórico. Los millones de parados, la frustración de los jóvenes ante la falta de futuro, el empobrecimiento general, el desmantelamiento de los servicios públicos y tantas cosas ocurridas en tan poco tiempo han dado su fruto amargo para unos, de esperanza para otros. Ya no vale quedarse en un “he entendido el mensaje”. Ahora toca lamerse las heridas y reflexionar a fondo unos. Pero otros, los emergentes, hacer el ejercicio de rigor que se les supone y trabajar para que, lo que traen de revulsivo e innovador, no se convierta con el tiempo en “más de lo mismo”.