“A río revuelto...
Ganancia de pescadores”. Esta es la opinión que me merece el nuevo capítulo del nacionalismo catalán. Conforme está el panorama, y nuestros vecinos se ponen a pedir más y más, con Mas a la cabeza. Lo que no se entiende del todo es cómo a finales del mes pasado la Generalitat aprobó solicitar al Fondo de Rescate Autonómica cinco mil millones de euros para afrontar sus pagos, y entonces ya el señor Mas exigió que la ayuda no tuviera “condicionantes políticos”, y ahora los pone él. Cuando menos, lo considero inoportuno.
Ahora que parecía que ya nos estábamos quitando el problema independentista vasco —hasta el propio Otegi pidiendo perdón a las víctimas del terrorismo—, nos surge otro de esos problemas históricos que nos acompañan como espíritus que vagan por los rincones de nuestro maltrecho país. Problemas que no dudo no sean legítimos en el sentido de que tienen ambos —y algunos más— profundas raíces históricas. Pero tampoco entiendo el que aún se esté viviendo en esas, o a costa de esas. La Historia pasó; sirve para darnos sentido y fundamentar nuestro devenir por la más importante Historia, la de la Vida. Pero se evoluciona, se avanza, se cambia, se progresa. Y no me parece del todo legitimado —insisto, aún reconociendo su derecho— y coherente con el siglo XXI el discurso nacionalista. De ningún partido. Me parece que lo que hacen es, como decía antes, aferrarse a algunas circunstancias, hechos y prerrogativas del pasado, para aprovecharse del presente y del futuro. Creo que deja de tener más aún sentido, cuando lo que precisamente se busca, se está en la briega de hacer una Europa unida, con una moneda común, una política agraria común, una unión económica y demás utopías. Y qué decirles de hacia dónde han conducido algunos partidos nacionalistas a lo largo de la Historia de la Humanidad a sus países y regiones. Creo más y me apunto al discurso de la globalización. El mundo es el que es y no es ni mío, ni tuyo, ni del vecino. Por muy viejo y antiguo que sea el hombre, o la mujer. La Tierra, el planeta y todo lo que lo contiene es de todos los que habitamos en ella. Y lo que tenemos que hacer es que siga siendo así y mejorarlo para las futuras generaciones venideras. Siento que Andalucía tiene superada esta ideología. Aunque existe un partido nacionalista, hace tiempo que no tiene predicamento. Quizá sea porque llevamos en nuestros genes el haber convivido con tantos y tantos pueblos como los que han pasado por nuestra rica tierra. Algunos, sin embargo, ven esta circunstancia como una debilidad de nuestros políticos y sus ciudadanos. Y que un partido nacionalista en Andalucía, nos ayudaría a ganar peso en el conjunto del Estado español. Siempre y cuando sea para sumar, vale. Lo contrario, para mí, no sirve. Está obsoleto y superado.
Francisco José Campaña es maestro