A Paco Mariscal Montilla
Aquella noche de junio, se palpaba un aire seco y quieto. Toda tu voz, trajo un sonido cálido de presentidos silencios. Ahora huele a verano sin tu presencia, y tus recuerdos querido amigo, están hechos, al igual que las estrellas, de pequeños gestos espirituales y filosóficos, ávidos de verdades que sólo tú conseguiste irradiar. Se han congelado temprano tus dedos de laúd, tu voz de barítono, tu ternura empírica, tu mirada infinita y andaluza, tu amor a Jaén y sus misterios, y esa sonrisa que regalabas como una rosa eterna, después de arder en tus 49 años que se te han precipitado como el estruendo de una catarata, irrumpiendo en esa luz que creaste dentro de tu propio universo y dejándonos una canción infinita de ti.
Se rompen en partículas de sal, con un aroma de lirios y un sabor a vainilla, todas las lágrimas que te hemos llorado, que las Náyades recogen con lisura para arrojarlas al viento del oeste, por donde te has elevado. Algunas personas que conocemos, que vemos pasar por la vida con una luz especial de la que aprendemos el idilio de un alma limpia, algunas, se van a mitad de camino como tú Paco y nos dejan creo, para conseguir que reflexionemos en profundidad lo que significa vivir. Ahora te ha tocado mirarnos desde el sigilo, ése que tú nos has enseñado en tu entusiasmo. Y doy gracias de haber sido tan afortunada de tenerte en mi memoria. Alguien dijo que una amistad no crece por la presencia de las personas, sino por la magia de saber que aunque no las ves, las llevas en el corazón.
Rocío Biedma
Poeta