11 jun 2014 / 22:00 H.
Una Capilla, no basta, Virgen mía, / para acogerte a ti, pleno universo; / para abrazarte a ti, no basta el cielo, / porque eres tú, cercana lejanía. / Un trono no basta, reina mía, / para encumbrar tu gloria inmaculada, / ni corona que sea tan preciada, / para realzar tu limpia faz divina. / Un manto, no basta, rosa mía, / para cubrir figura tan galana, / ni basta saya de oro y filigrana, / para besar tu piel de nácar fina. / Un corazón, no basta, madre mía, / para amarte a ti, gracia infinita, / basta que, en tus manos, nuestra vida / brille con la luz de tu sonrisa. / Te basta a ti, sentir el alma mía, / abrirse al fulgor de tu mirada, / te basta mi amor, junto a tu alma, / ofrecido, en silencio, cada día. / Te basta que este pueblo, el elegido, / que aquella noche, de favor tan alto, / fue tapiz celestial para tus pasos, / sea, de tus huellas, peregrino.