“Siempre me sentí feliz de oír tu ánimo a los jugadores del Torreperogil”

01 mar 2016 / 08:00 H.

Diego Montiel Aranda nació en Torreperogil el 3 de marzo de 1937 y falleció el pasado 28 de febrero.

Estimado Diego, parece que nos has dejado para ir a otros estadios. Parece que fue ayer cuando te escuchaba dirigir a nuestro Sporting, y me sentía feliz de oír tu ánimo y tu alegría que impregnabas en los jugadores que, ¡ay, amigo!, entonces sí sentían los colores pues, desde el banquillo, tú se los hacías querer.

Tú eras entonces “el míster” con el que el fútbol de nuestro pueblo comenzaba a destacar y hacerse un hueco en la provincia y, como siempre has hecho, de un modo discreto y elegante, sin estridencias, lograste que la junta directiva encontrara sentido al proyecto de proyección de nuestro fútbol local. Luego fundaste el Torreperogil Atlético, cuando las malas prácticas de este deporte que amamos y, a veces, odiamos por igual, dieron al traste con el proyecto inicial.

Te escribo esto porque vuelvo del puente del Día de Andalucía, y me entero que ya no estás con nosotros y me siento muy mal, pues hace solo unos días hablaba de ti con tu hijo Diego. Por mucho que nos digan eso tan socorrido de “es ley de vida”, solo me parece una frase patética. En las veces que tuve el placer de hablar contigo y de entrevistarte para la radio, siempre me pareciste que eras una gran persona.

Escuchabas, reflexionabas y nunca encontré estridencias en tus opiniones. En una ocasión te pedí si podía utilizar el teléfono de tu casa para enviar mis crónicas a la radio, pues algún aficionado ofuscado con mis comentarios había cortado la línea que teníamos en el campo de fútbol y, amable, me abriste tu casa sin pedir nada a cambio. “Míster”, nunca se es viejo para morir y menos en esta época. Estoy seguro de que si esa cruel enfermedad no te hubiera tocado, por tu cabeza habrían acudido nuevas ideas y proyectos deportivos.

Afortunadamente tu legado está ahí y se puede reconocer: antes Antonio y “Viki”, tus hijos, y ahora tú nieto Sergi mantienen vivo el apellido Montiel y lo que tú les enseñaste. Escribiré más sobre ti, pero ahora estoy demasiado triste y seguro que la emoción me puede hacer caer en lugares comunes. Porque aún con el dolor de tu pérdida veo tu imagen cercana y algo que siempre me sedujo enormemente: tu sonrisa. Una mezcla entre picardía, ironía y ternura. Quizá por eso tus “puestas en escena” sobre los terrenos de juego nunca fueron agresivas. No engañabas a nadie. Esa era tu personalidad y a ella te entregaste con sinceridad y sin simulaciones.

Ahora toca movilizarnos para hacerte el homenaje que, en vida, siempre deseé que tuvieras y que, por falta de tiempo y de un momento oportuno en el entramado futbolístico local no pudimos hacerte. Y así, en ese lugar que pienso sería de tus preferidos, el Polideportivo Municipal, se oirán de nuevo tus palabras, tus órdenes, tu poética futbolera, como pasa siempre con las personas que dejan huella: nunca desaparecen, su memoria queda presente, no solo en los momentos recientes, sino en la memoria que se construye para el futuro.