“Siempre guardaré en mi memoria la labor de Sebastián”

12 oct 2019 / 08:00 H.

Conocí a Sebastián Moya Lorca en los años 60, cuando vino a Mengíbar como maestro propietario de una escuela unitaria que estaba ubicada en Las Protegidas, hoy calle Úbeda, donde pasó unos años, en esta escuela unitaria, hasta que se puso en funcionamiento el nuevo grupo escolar Manuel de la Chica, donde ya estuvo ininterrumpidamente hasta que se marchó a Jaén, donde continuó su labor en el colegio Cándido Nogales. A pesar de su marcha a Jaén, Sebastián, su esposa e hijos, nunca pudieron olvidar el tiempo que estuvieron en nuestro pueblo, donde dejaron numerosos y entrañables amigos. Ha sido muy habitual ver a esta encantadora familia en bodas, homenajes y en otros acontecimientos, casi siempre, relacionados con el deporte.

Sebastián fue mi profesor, al igual que su esposa, Gracia Méndez. Cuando cursé mis dos primeros cursos de Magisterio en la modalidad libre, durante los años 1963-1964, eran tiempos difíciles y durante este bienio recuerdo su apoyo tanto como docente como humano, pues siempre me trataron como a un miembro de su familia y recordaré este tiempo con leal agradecimiento y reconocimiento. Una vez aprobadas mis oposiciones y después de unos años tuve la interesante experiencia de estar con mis antiguos educadores en el mismo colegio y, ya como compañero, compartí la hermosa tarea en la educación de los alumnos de nuestro querido Mengíbar. Siempre guardo en la memoria y no echo en el olvido la inmensa e ingente labor de este fiel matrimonio, Sebastián y Gracia, por la promoción del deporte en nuestro pueblo. Considero que fueron los grandes revolucionarios y transformadores de las estructuras y modos de enseñar la Educación Física a nuestros escolares. En esta época no existía en Mengíbar ningún tipo de pista polideportiva y Sebastián Moya, constantemente, interpeló a las autoridades locales para que, al menos, las plazas de nuestro pueblo se convirtieran los sábados y domingos en pistas de baloncesto, balonmano, balonvolea... Era gratificante cómo nuestros paisanos esperaban que llegase el domingo para ver los partidos que se jugaban en estas improvisadas pistas. Pronto aprendimos las reglas de estos desconocidos e inéditos deportes, de ahí que Mengíbar consiguiese los mayores galardones deportivos tanto provinciales como regionales y nacionales en el tiempo que ellos estuvieron al frente del deporte local. También hay que resaltar el triunfo obtenido en la modalidad de atletismo, como fue en lanzamiento de disco. Todo esto lo consiguieron por su entrega y dedicación plena en la promoción del deporte en nuestro Mengíbar. No tenían horas para salir del colegio, donde el tiempo lo pasaban con los diversos entrenamientos, y es que los centenares de jóvenes que hacían deporte estaban fuera de la droga y del vicio. Todos ellos preferían el ideal deportivo que les transmitía este ejemplar matrimonio. Para Sebastián y Gracia no había descanso ni sábados ni domingos, pues era en esos días cuando había que trasladar a los alumnos a los distintos lugares donde se jugaban los partidos y todo esto se hacía con escaso presupuesto. Soy consciente de la utilización de su coche particular, porque la furgoneta o taxi se quedaba pequeña. Sí, todo esto se hacía porque Sebastián y Gracia tenían ilusión, entrega y un espíritu de servicio que yo creo que se podría cuantificar por toneladas. No ganaban dinero, pero sí consiguieron el placer de luchar por una juventud donde su ideal fuera el deporte y los valores que conlleva su práctica.

Sebastián Moya reunía todas las cualidades de un gran educador, y tengo que resaltar las siguientes: espíritu juvenil, carácter, sentido de justicia, dignidad, decencia, honradez, sabiduría, amabilidad y ejemplar comportamiento para que los alumnos practicaran el deporte con la mayor libertad y responsabilidad.

Siendo alcalde, el 6 de septiembre de 1994 inauguró el pabellón polideportivo municipal sin que la Corporación que presidía le pusiese nombre a este magnífico edificio que se construyó con mucho esfuerzo, tanto económico como personal, por tantos viajes a la Dirección General del Deporte de Sevilla y a la Diputación Provincial de Jaén. Al poco tiempo, una nueva Corporación puso el nombre de Sebastián Moya Lorca a este pabellón, efeméride que me llenó de satisfacción y de inmensa alegría, pues creo que la persona que más hizo por el deporte en nuestro pueblo se merecía este magnífico galardón, distinción y recompensa por el trabajo realizado.

Y no quiero seguir escribiendo nada más de él, porque la semilla que ha dejado sembrada, tras de sí, dará el fruto que acreditará, siempre, su labor y entrega.

Gracias Seba, por tu comprensión, tu ayuda, tu fe... En definitiva, por tu extraordinaria e inmensa amistad. Creo que todos los que nos consideramos tus amigos esperamos que el único y mejor entrenador de tu nuevo equipo te considere el jugador favorito para toda la eternidad y que, desde allí, ayudes, especialmente, a tu familia y a todos los demás.