Los azulillos aún sienten la
pérdida de José Camacho de Haro

09 dic 2019 / 08:00 H.
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Durante cinco años, José Camacho de Haro dirigió el ya extinguido Linares CF. Una etapa donde este hombre dejó todo su corazón y el alma por el equipo. Algo que no tardó en contagiar a todos los jugadores y responsables del equipo, dando como resultado que, solo dos años después de ser nombrado presiente, el Linares CF ascendió a la Tercera División y, en otro dos, a la Segunda. Hito que quedó marcado con la fecha de junio de 1974.

La impronta de José Camacho se extendió hasta el actual equipo del Linares Deportivo, desde el que le otorgaron la medalla de oro en diciembre de 2007. Porque, aunque en los últimos años de su vida los pasara desligado del fútbol, José Camacho marcó al mundo deportivo linarense. Este hombre llegó ser el presidente que representó la conocida como transformación futbolística de la ciudad de las minas y no solo por los ascensos conseguidos por el equipo durante su etapa presidencial, sino que también, durante esta, se dotó al Campo de Linarejos de más aforo en las gradas, se arregló el terreno de juego e inauguró la iluminación.

José Camacho fue un trabajador tenaz que no solo dedicó su vida al fútbol y no cesó en su deseo de crecer como profesional y como persona. De hecho, en el terreno laboral, este linarense fue empresario, promotor inmobiliario y puso en marcha industrias metalúrgicas, fábricas de cerámica y construcción de viviendas. Por todo ello, y mucho más, son muchos los linarenses aficionados al fútbol que aún lo recuerdan y lloran su pérdida, pues a pesar de que ya no residía en la ciudad, aún conservaba grandes amigos en el municipio.

Fueron muchas las personas que, haciendo un alto en el camino, se detuvieron en las puertas del mítico restaurante Rey de Copas para descansar, comer y beber en un ambiente único y, sobre todo, familiar. Eso es lo que ofrecía José Luis del Moral a sus clientes, siempre acompañado de una sonrisa y una amabilidad digna de admirar. Por eso, no es de extrañar que fuese conocido tanto en su aldea, en Ribera Alta, como en Alcalá la Real y en Frailes. Una persona que fue un gran profesional del mundo de la hostelería e hizo que su nombre, y el de su familia, siempre estuviesen ligados a su negocio, que se convirtió en todo un centro gastronómico de la Sierra Sur de Jaén. Pero, dejando a un lado su labor como profesional, Del Moral fue una gran persona y, sobre todo, muy cercana. Es por eso que entablar amistad con él era realmente fácil. Sin embargo, la vida no es justa y fue una dura enfermedad la que le arrebató la vida, la que lo separó de sus seres queridos y dejó un vacío tan grande que es imposible de llenar. Del Moral era querido y prueba de ello es que cuando se supo de su fallecimiento, fueron muchos los que, a través de las redes sociales, le dedicaron palabras de admiración. Porque esa sonrisa que siempre le caracterizaba y su talante optimista sirvió de ejemplo para muchos, que entendieron que la vida hay que disfrutarla todos y cada uno de los días.

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