URGENTE

Antonio Tornero Gámez (1931-2019), baezano y amigo, verdadero artista plástico se nos fue suavemente, sin estridencias, el pasado 22 de mayo. Ha sido —qué duda cabe– el gran fotógrafo de Baeza en el último tercio del siglo XX, buen profesor de esta materia en la Escuela de Artes “Gaspar Becerra” de quien recibí enseñanza a principios de los años setenta. Excelente y polifacético dibujante y buen pintor. Machadiano hasta la médula, baezano generoso entregado a su ciudad y especialmente a todo lo que fuera creativo. Siempre con ideas que bullían en su interior para llevarlas a cabo. No se arredraba por las dificultades de un proyecto, todo lo contrario, siempre se esforzaba en sortearlas. Fundó con la inteligente y sensible Cati Cruz una gran familia de buenas personas y todas amantes de la plástica, especialmente la fotografía y la pintura. Es una gran pérdida para todos, para la ciudad y para la cultura. Para Tornero, la fotografía siempre ha tenido el toque creativo que ahora se le reconoce y eso nos explica su empeño por hacer obras originales y cuidadas. Quisiera recordar su serie de carteles dedicados a la Semana Santa en los que sacaba las imágenes al exterior y estudiaba todos los detalles. Por ejemplo, el de 1971 dedicado al Cristo de la Caída desnudo junto a la Puerta del Perdón de la Catedral o el espectacular Cristo de la Expiración en 1975, clavado literalmente en un campo verde de primavera con Mágina de fondo y un bello cielo de nubes y claros. Fue valiente y sus trabajos contrastaban con los carteles que se venían haciendo por todo nuestro entorno. La Agrupación de Cofradías le otorgó su medalla de oro en 1989 en reconocimiento a su intensa colaboración a lo largo de toda su vida profesional. En esa misma labor de fotógrafo recuerdo retratos excelentes como el que le hizo al guitarrista Andrés Segovia en la antigua Universidad. Por supuesto, gracias a su buen hacer profesional, son centenares la familias las que tienen inmortalizados sus momentos más entrañables con belleza y gusto y no solo de nuestra ciudad sino de numerosos lugares pues tenían a gala encargarles sus celebraciones especiales. Como dibujante y pintor son numerosas las exposiciones que preparó a lo largo de su dilatada vida, su temática va desde los retratos a detalles arquitectónicos y siempre las figuras con el horizonte urbano baezano. En numerosas ocasiones los protagonistas están envueltos en el halo de la niebla baezana. Colaboró siempre con cofradías pintando grandes murales o aportando sus sueltos dibujos, con la Banda de Música de Baeza, dibujando y confeccionando los carteles de sus grandes acontecimientos. Siempre estaba abierto a lo que le demandaban de una manera altruista, así a lo largo de décadas. Es indudable que se le va a echar de menos también por estos asuntos pues cuando le pedían algo abordaba el tema con gran energía y celeridad. Su labor como profesor de Fotografía artística en la Escuela de Artes ha tenido una gran proyección a través de tantas personas que en su día pasamos por ahí. Quisiera recordar el estupendo trabajo que dirigió durante el curso 1989-1990 y que materializó en la publicación “La perspectiva fotográfica del Cristo yacente de Andrea Mantengna” donde comprobó de manera práctica el concepto fotográfico, incluso antes de la invención de la técnica fotográfica, en la concepción del gran escorzo de la obra del pintor renacentista. Su implicación en los proyectos culturales de la ciudad ha sido consustancial a su vida. “Biatiensis Universitarias”, en donde se reivindicaba la universidad para Baeza atendiendo al peso histórico de la que existió entre 1538 y 1824. Igualmente, su implicación presidiendo el club Unesco de Baeza desde donde promovió numerosas actividades. Como gran machadiano siempre estuvo presente en cuantos proyectos se llevaron a cabo para reivindicar la obra y la figura de Don Antonio de Baeza. Desde la Semana machadiana de 1997 a los paseos o en la preparación de los actos conmemorativos del centenario de la llegada del poeta en 2012. Siempre defendiendo ideas de proyección de calidad. El propuso que una figura tan reconocida como el cineasta Juanma Bajo dirigiera un corto sobre el poeta: “Camino a Baeza”. Antonio siempre expresaba sus ideas con libertad y defendía con argumentos y tenicidad. Era un hombre inteligente, vivaz, de gran temperamento, noble y leal, buen tertuliano, gran conocedor de la pintura y apasionado por la cultura y por Baeza. Ha muerto longevamente y sin embargo es como si hubiera evitado la etapa de la vejez por sus ideas y energía. Hizo bien el Ayuntamiento en reconocerlo en 2015 al dedicarle, por unanimidad, el Paseo del Obispo. En su funeral se escuchó una bellísima oración triste y hermosa a la vez, excelente, interpretada por Juan Francisco Ortiz, catedrático de este instrumento y amigo de Antonio que la concibió a partir de unas notas del Códice Bermejo (s XIV) y que seguro reconfortaron a Cati, Antonio, Lola, Ana, Cristi, Miguel Ángel y el resto de familiares, amigos y asistentes que allí estábamos presentes. Seguro que Euterpe, o mejor Santa Cecilia, se sintieron complacidas con esta entrañable oración.