La plaza de Cibeles y sus alrededores amanecieron este sábado convertidos en un gran punto de encuentro para más de 1,2 millones peregrinos y fieles que han acudido desde primeras horas de la mañana para participar en la misa presidida por el Papa León XIV, en una jornada marcada por la devoción, la expectación y un ambiente festivo que fue creciendo conforme avanzaban las horas, que han dado lugar a una “jornada histórica”, como han coincidido en señalar. Desde Colón, hasta Neptuno, y desde Gran Vía a la puerta de Alcalá —en un trazado diseñado para simular una gran cruz—, todas las cales estaban ocupadas por cientos de miles de feligreses llegados desde prácticamente todos los puntos de España. Los accesos a La Castellana por el este y el oeste han tenido que ser cerrados antes de las 10:00 horas al superarse la ocupación prevista y pese a haber aún personas esperando para acceder a la zona.
Y es que mucho antes del inicio de la celebración, los peregrinos y fieles ocupaban ya los espacios habilitados en el centro de la capital. Algunos han pasado la noche en Madrid y otros han llegado al amanecer, equipados con mochilas, sombreros, paraguas y abanicos para afrontar el calor y la larga espera. A medida que avanzaba la mañana y la temperatura ha ido subiendo, las primeras filas se fueron cubriendo por los paraguas blancos repartidos por los organizadores para protegerse del sol. Entre los asistentes ha destacado la presencia de numerosos jóvenes, muchos de ellos identificados con camisetas de parroquias, movimientos eclesiales y colegios religiosos y que corearon en numerosas ocasiones “Esta es la juventud de Papa”.
Así, cánticos, palmas y banderas acompañaron las horas previas a la misa, convirtiendo la espera en una celebración anticipada que se ha extendido por algunas calles y plazas próximas al recorrido previsto. También las familias han ocupado un lugar destacado en la convocatoria: padres con carritos de bebé, niños portando pequeñas banderas vaticanas y abuelos que relataban anteriores visitas papales han compartido espacio con grupos de amigos. Las congregaciones religiosas han aportado una de las imágenes más reconocibles de la jornada. Decenas de sacerdotes, religiosas y seminaristas han caminado entre los asistentes. La ciudad, además, ha amanecido engalanada para la ocasión con una decoración dominada por los colores blanco y amarillo, los de la bandera vaticana. Banderolas y pancartas con mensajes de bienvenida adornaban algunos de los principales puntos del recorrido, mientras que numerosos edificios han lucido elementos conmemorativos de la visita.
Macizos ornamentales, arreglos y composiciones distribuidas en distintos espacios del entorno de Cibeles aportaban color a una jornada que muchos han descrito a Europa Press como “histórica” y que ha transformado durante unas horas la imagen habitual del centro madrileño. A medida que se ha acercado la llegada del Pontífice en el papamovil, cuyo recorrido se ha podido seguir en las pantallas, la emoción se ha hecho más visible. Los teléfonos móviles han comenzado a levantarse sobre las cabezas de los asistentes y los cánticos han dado paso a una expectación creciente a medida que León XIV se aproximaba a Cibeles saludando al público. El recorrido ha permitido que miles de personas pudieran contemplar de cerca al Pontífice. Muchos fieles se han subido a pequeñas plataformas improvisadas o alzaron a los niños sobre sus hombros para facilitarles la visión, en escenas repetidas a lo largo de todo el trayecto. El papamovil se ha detenido en varias ocasiones para que el Pontífice pudiera bendecir a varios bebés a lo largo del recorrido, emocionando al público.
El bullicio festivo durante la larga espera se ha tornado en un respetuoso silencio al dar comienzo la homilia. Durante la misa, se han alternado instantes de silencio y oración con otros de participación colectiva. Miles de voces han respondido al unísono a las plegarias y cantos, generando una imagen de unidad que muchos asistentes han calificado como uno de los aspectos más emocionantes del encuentro. El acompañamiento musical ha corrido a cargo de un monumental coro y orquesta compuesto por cerca de 400 voces procedentes del Coro de San Juan de Ávila, la Escolanía del Monasterio de San Lorenzo del Escorial, la Escolanía de la Abadía de la Santa Cruz y el Coro y Escolanía de la JMJ. Sus voces y los acordes orquestales han resonado con fuerza desde Neptuno a Colon emocionando a los asistentes que han seguido atentamente lo que sucedía sobre el altar de Cibeles a través de las 42 pantallas instaladas en todo el recorrido.
El recogimiento se ha hecho aún más palpable durante el rito de la comunión, otro de los pasajes de más profunda devoción entre los fieles. Dada la enorme afluencia de fieles, la organización ha desplegado un dispositivo litúrgico para garantizar que el sacramento llegara a todos los que lo deseasen. Para las personas situadas en los sectores más cercanos al altar provisional y a la plaza de Cibeles, la comunión ha sido distribuida directamente por los presbíteros concelebrantes. En el resto de los sectores, unos 2.300 ministros extraordinarios y otros tantos voluntarios se han ido desplegando por los distintos sectores para repartir la comunión. El despliegue ha dejado una de las imágenes más bonitas de la jornada cuando, tras tomar la comunión León XIV en el altar, cientos de paraguas blancos se han abierto simultáneamente en diversos puntos de la marea humana con el objetivo de servir de señal para indicar la ubicación de los puntos de reparto de la comunión. La afluencia ha sido tan masiva, que fue imposible para muchos llegar a los puntos señalizados. Tras la conclusión de la liturgia, la plaza de Cibeles se ha convertido en el punto de partida de la procesión del Corpus Christi, encabezada por el Santísimo Sacramento, seguido del Pontífice, cardenales, arzobispos, obispos, laicos y niños que han hecho la primera Comunión este año. Tras la procesión y todavía con el Pontífice en el altar de Cibeles, el público le ha despedido con fuerte ovaciones y numerosos gritos de “Viva el Papa”.