El hechizo que envuelve a la Copa del Mundo de fútbol deja estampas inusuales y reconfortantes como la que se vivió en la madrugada del sábado al domingo en el Bundesbar de Jaén. La cervecería jiennense televisó el partido que enfrentaba a Brasil y Marruecos en el debut mundialista de ambas selecciones, que terminó con empate a 1. Así, al local acudieron decenas de hinchas brasileños y marroquíes afincados en la capital que quisieron vivir el estreno de sus combinados. Distribuidos por zonas, ambas aficiones convivieron con euforia y respeto durante el transcurso del encuentro, dando una inmensa lección de deportividad que engrandece este tipo de citas. Cabe recordar que, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística de 2022, en la provincia viven 5.674 marroquíes y 254 brasileños.
Matheus Cateano, ataviado con la correspondiente equipación, fue uno de los seguidores cariocas que se desplazó al bar para disfrutar de la emoción del encuentro. “Me encanta el ambiente que estamos viviendo, hay mucha gente de Brasil y la verdad es que los conozca a casi todos”, explica a Diario JAÉN. El joven brasileño, que lleva tres años en tierras jiennenses, es ambicioso en cuanto a las pretensiones de la “canarinha” en el torneo. “Tenemos que ir ganar a la Copa”, señala. Instantes después se encuentra con Issam Lahbai, otro joven marroquí al que solo se le borra la sonrisa cuando mira al televisor.
“Soy de Fez y vine hace seis años a Jaén para estudiar, cuando terminé el máster encontré un trabajo y desde entonces vivo aquí”, cuenta. La magia del balompié hace que Issam comparta mesa con compatriotas a los que no conocía hasta ese momento. Aunque la afición brasileña concentra su núcleo en el otro extremo del bar, cuando se cruzan para ir a pedir a la barra hablan entre ellos e incluso se gastan alguna broma. “Cuando hay goles nos picamos un poco, pero todo queda ahí”, apunta mientras confiesa que, de corazón, espera que Marruecos gane el Mundial, pero en lógica se conformaría con repetir las semifinales de Qatar. Con el reparto de puntos, los seguidores comienzan a marcharse a casa, aunque los más animados siguen charlando e incluso se fotografían con sus respectivas banderas para inmortalizar que el espíritu del deporte llega a cualquier rincón del mundo.