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sábado, 20 julio 2019
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URGENTE

“Hoy los motes se han perdido”

Francisco Fuentes
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El cofrade y devoto andujareño hace un repaso a la historia del municipio a través de los apellidos, apodos, motes y alias por los que se conocen, desde hace varias generaciones, a los distintos miembros de las familias con las raíces más arraigadas en Andújar.

—¿Cómo surge la idea de elaborar un libro con los apodos de Andújar?

—Llevo mucho tiempo. Soy profesor jubilado y tenía muchísimo material guardado. Siempre me ha gustado escribir y ahora he aprovechado para sacar todo el material que atesoro compuesto por fotografías, carteles y programas, entre otras cosas, de la Romería de la Virgen de la Cabeza.

—¿Se utilizan hoy en día?

—Entre las nuevas generaciones, por lo menos en Andújar, se están perdiendo. Solo los utilizamos los “antiguos”, como yo, porque tengo ya 75 años. Mi amigo Pepe Vica me dijo que me hacía la portada y, como me asocia siempre a Sierra Morena y al Santuario, me dibujó como si fuera un cazador, aunque no lo soy. Posteriormente, mi también amigo y profesor de la Universidad de Málaga, Francisco Cades, escribió el prólogo, y así, hemos conformado este libro.

—¿Cuántos apellidos, motes y apodos se recogen en la obra?

—En total, hay 1.095. Y alguno se ha quedado sin poner, lo que es curioso. Ya me decía Pepe Vica que seguro que habría alguno que a lo mejor me demanda por haber puesto su mote, pero como yo no lo asocio con el nombre, salvo que esté publicado, no habría problema. Otro amigo mío, Santiago Córdoba, me permitió publicar los de represaliado andujareños en la Guerra Civil porque ya habían aparecido en trabajos anteriores.

—¿Los apodos ayudan a identificar a los vecinos más que sus propios nombres?

— El mote marca todos los ámbitos de la vida, e incluso de la muerte, porque lo ponen personas con ingenio, ya que en este país existe mucha creatividad y perspicacia para elegirlos. También recojo los motes que todavía aparecen en las esquelas mortuorias porque si no, el muerto va solo al cementerio, ya que no lo conoce nadie. A todos esos si les pongo el nombre y el apellido ya que están publicados, pero no a los que no lo están porque no quiero comprometer a nadie. No busco herir susceptibilidades, simplemente poner los motes, ya que forman parte de la cultura de los pueblos. El primero que puse es el de mi padre.

—¿Cuál es el mote más antiguo que ha podido documentar?

—No se puede señalara ninguno como el más antiguo. A mi padre y a su hermano le decían “Ensalailla” y se remonta a primeros del siglo XX, porque como no tenían más que un tercio de tierra y había mucha hambre pues se preguntaban si comían “ensalailla” de pimientos, de tomate o de patata, lo que había, y con eso se quedaron. En definitiva, los apodos no se pueden constatar porque vienen de familia. Hoy día eso ya se ha perdido.

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