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sábado, 20 julio 2019
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URGENTE

“Hay que ir a ver arte sin prejuicios”

rodrigo martín
Su obra evoluciona con el paso de los años, como la de cualquier artista. En su caso, la geometría toma peso para tratar de ordenar el caos que plasmaba en sus cuadros. Desde hoy y hasta el 25 de junio muestra una selección de su obra más reciente en Renace, en Baeza, en la que es su primera exposición en solitario en Andalucía.

Este artista plástico nació en Langreo (Asturias) en 1986. Desde pequeño se ve interesado por el mundo plástico aunque no profundiza mucho en su perfeccionamiento y realiza trabajos de forma autodidacta. Tras pasar por varias ciudades españolas, trae su obra a Renace, en Baeza.

—¿Qué podremos encontrar en su exposición en Renace?

—Es un resumen, pues no están todas las piezas, de mis últimos trabajos. Una selección de piezas pintadas desde 2018 hasta ahora. Es un estudio de la forma geométrica que roza la escultura. Intento hacer de algo plano como un cuadro un volumen.

—Su obra ha evolucionado con los años ¿de dónde viene esa obsesión con la geometría?

—Empecé mi carrera haciendo expresionismo abstracto. Todas mis obras me generaban mucho caos a la hora de resolver el cuadro. Poco a poco introduje elementos geométricos que se fueron apoderando de ese expresionismo. Antes se puede decir que me peleaba con la obra y ahora me siento y dialogo con ella. Son etapas, ahora intento trabajar de una manera pausada, pensando bien el desarrollo. Aparentemente son obras minimalistas a la hora de visualizarlas, pero tienen una construcción compleja. Ahora busco otro tipo de lenguaje, algo más arquitectónico.

—Es de Asturias, reside en Madrid, ¿expone por primera vez en el sur de la península?

—En solitario sí. Es la primera vez que tengo un solo espacio para mí en Andalucía, y eso que mi madre es sevillana, aunque sí he estado otras veces en exposiciones colectivas. En Jaén tuve piezas en AZUR, por ejemplo.

—¿Se puede decir que su obra también ha hecho ese viaje de norte a sur?

—Es una forma de mirarlo. El arte en el norte, donde me formé, es de trazos muy violentos. Una vez comencé a viajar conocí a gente que me influyó. Ves cosas que te gustan e intentas incorporarlas a tu obra. Como le ocurre a todo artista, algo va cambiando en mi, que no puedo explicar, y eso se ve reflejado en mis cuadros. La obra va fluyendo sol. El arte es así.

—El azul está muy presente en las piezas que expone en Úbeda, ¿por algún motivo?

—Pues no es algo buscado. La verdad que no me había percatado de ese detalle. También hay cuadros amarillos y de otros colores, pero tienes razón. La realidad es que el color azul es bastante fetiche para mí, aunque su uso tiene una razón: al principio utilizaba mucho el negro, que es un color muy duro, pero quise sustituirlo, y dentro de la gama cromática el sustituto es el azul, que además se trata de un color con mucha potencia visual. Por eso aparece mucho en mi obra.

—Hablamos de colores, de formas, pero el arte es mucho más. Hay que interpretarlo.

—Sí, así es. Los artistas que hacemos este tipo de obras vamos un poco a pecho descubierto. Nuestras obras muchas veces chocan a la gente que no está metida en este mundillo. Lo importante de cada pieza son las sensaciones que pueden transmitir. Pero eso ocurre en todo tipo de arte, e igual que en mi cuadros, alguien puede interpretar algo que no tiene nada que ver con el mensaje que yo quería trasladar. Pero es algo que pasa incluso a los pintores figurativos, que tienen una intención y la gente interpreta algo totalmente contrario.

—¿Qué consejo le daría a alguien que se enfrenta a su obra por primera vez?

—A mi obra y a cualquiera. Hay que ir a ver arte sin ningún tipo de prejuicio y abierto a todo. La gente a veces tiene miedo a que la interpretación que le puedan dar a la obra sea errónea, pero eso no existe. Un cuadro puede querer representar mucha tensión y que alguien no lo vea. Igual no entienden el mensaje que quiere dar el autor, pero lo importante es ir a ver qué pasa.

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