Recuerdo especial a las caras de Bélmez

El infierno empieza aquí, de Luisa González, recuerda el caso 50 años después

07 dic 2021 / 11:48 H.
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Nació en Cabra del Santo Cristo pero se marchó a vivir a Tarragona con dos años. Sus padres fueron los únicos que emigraron por lo que todos los veranos y las Navidades, Luisa González regresa a su tierra natal, hasta que un día conoció el fenómeno de las caras de Bélmez. Decidió escribir una novela con el paso del tiempo para rememorar su juventud. Hay muchas teorías que dicen que las caras las pintaba la propietaria de la casa, pero Luisa González no las comparte y escribe este libro cincuenta años después la primera aparición.

“Creo que el misterio no se va a resolver”

—¿Qué puede contar sobre las caras de Bélmez?

—Las conocí a principios de los 80, cuando yo era una adolescente. Me impactaron tanto que fue ahí cuando se plantó la semilla de lo que luego ha sido la novela. Conocí a María Gómez Cámara, que luego fue la protagonista del libro. Al igual que las caras, también me impactó mucho la resignación de esta mujer. Se pasaba el tiempo mirando las caras sentada en una silla. En los años 90 volví a ver las caras otra vez y habían mutado y cambiado de sitio. Lo único que seguía intacto era la silla y María Gómez Cámara viendo las caras. En esta visita, a pesar del terror, me entraron más ganas de escribir la novela.

—¿Qué pretende contar en El infierno empieza aquí?

—Es una novela, no pretendo que sea un documento histórico. Ya los hay y son maravillosos. Yo quería escribir una historia porque, como jiennense, conozco la idiosincrasia de la provincia donde nací y de Sierra Mágina en concreto. Es un motivo para volver a mis orígenes a través de un tema específico. Me hacía mucha ilusión porque no deja de ser un misterio sin resolver.

—¿Por qué no escribió la novela antes?

—Supongo que porque se colaron otras. Cada novela tiene su momento. Pero la verdad es que no lo sé. No te puedo dar una explicación. La semilla estaba ahí. Supongo que algún día algo me dijo que me tenía que poner a escribirla y tenía que salir a la luz.

—¿En qué momento decide que la protagonista de la novela sea la misma que en la realidad?

—Desde el momento en el que la conocí. Aunque yo no tenía pensado escribir nada, ese fue el detonante para que lo hiciera. De hecho, es el único personaje que tiene nombre y coincide con el real. Al resto se le ha adaptado lo que le convenía.

—¿Hizo algún tipo de investigación antes de escribir?

—Sí, muy exhaustiva. Culminó en el viaje que hice a la casa, hace tres veranos, antes de escribir.

—¿Cree que se resolverá el caso?

—No. No se consiguió en su momento, lo cual no deja de ser un misterio anclado en el pasado. Ahora es todo una anécdota.

La escritora jiennense Luisa González visitó por última vez la casa de las caras de Bélmez hace tres veranos antes de empezar a escribir la novela. Recuerda que esa fue la clave para que pueda emprender el inicio del libro. Le transmitió mucha paz. “No hay nada de caras. Está completamente limpia y gracias a esa puse escribir el libro”, confiesa Luisa González. “Hay teorías que dicen que este fenómeno lo producía María Gómez con la mente y que desaparecerían cuando ella también lo hiciera”, dice.



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