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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

Más de un centenar de microficiones en “Rodamundos” la nueva obra de Pepa Maldonado

25-05-2026 / 10:34

La escritora presenta un libro que habla del ser humano, la ironía, la crítica social, la soledad y el trauma

LA ENTREVISTA

Pertinaz Pertinaz es el seudónimo de la escritora linarense Pepa Maldonado. Su escritura se caracteriza por relatos muy cortos, intensos y con un estilo cargado de ironía, crítica social y elementos surrealistas. Trata temas como la soledad, la incomunicación, las contradicciones humanas y el absurdo cotidiano. Parte de sus obras han contado con las ilustraciones de su hermano, el artista Emilio Maldonado, conocido como “Maldomado”. La autora presenta su obra, “Rodamundos”, un libro con 121 microficiones y un trabajo editorial de mucha calidad.

—”Rodamundos” es un título muy sugerente, ¿qué significa para usted?

—Es una planta rodadora que sobrevive en condiciones extremas. Utilizo esa planta como una metáfora para hablar de mis personajes que ruedan constantemente sobre sus propias heridas, son personajes dañados.

—Sus libros suelen combinar texto e ilustración, ¿qué aporta la imagen al microrrelato?

—He publicado seis libros, cuatro de ellos junto al pintor “Maldomado”, mi hermano, y dos con la ilustradora Mar Alonso. Rodamundos lo ilustra “Maldomado”. Ya no veo mis microrrelatos sin las ilustraciones, y es verdad que no es necesario, como tampoco lo es que las pinturas de mi hermano vayan acompañadas de un microrrelato, pero se complementan, es otra forma de contar una historia.

—¿Cómo definiría el tono de “Rodamundos”?

—El libro habla del ser humano, de la ironía, que utilizo mucho, de la crítica social... hablo de la soledad y del trauma, la herencia emocional, el vacío existencial o el abandono. Lo hago con una mirada empática, cercana, pero al mismo tiempo objetiva, yo creo que es una literatura sin juicios, en la que quiero huir del sentimentalismo.

—¿Estos temas son recurrentes en sus obras?

—Si, es algo común en mi obra. Este libro ha pasado por las manos de dos terapeutas que lo han revisado, porque la intención era que los comportamientos y las reflexiones de los personajes sean coherentes con sus traumas y sus heridas. Yo tengo una obsesión, la verosimilitud: creo que permite que el lector lea la historia, se la crea, la experimente y se comprenda al personaje, eso es lo que busco. Intento que mis historias sean verdaderas y creíbles.

—Sus textos tienen finales muy impactantes, ¿lo busca desde el principio?

—Estos finales dan sentido al resto de la narración. Hay un pionero del género en Argentina que se llama Raúl Brasca, que dice que la microficción es una producción de sentido que se da a partir de la lectura de la última frase, y yo creo que ese “darse cuenta” es algo que incita al lector a reflexionar sobre lo leído.