LA ENTREVISTA
Tras 37 años alejada de los escenarios, Lydia Bosch vuelve con Fedra en los infiernos. La intérprete se pone en la piel de Fedra, uno de los personajes femeninos más fascinantes de la historia. Mujer hecha de fuego y culpa, pide una segunda oportunidad a Las Moiras para reescribir su trágica historia de pasión por su hijastro Hipólito. Desde el Inframundo, suplica a las Hermanas del Destino volver al mundo terrenal para encontrar la paz que nunca tuvo. El 13 de septiembre, a las ocho y media de la tarde, en el Teatro Municipal Maestro Álvarez Alonso de Martos.
—Regresa a los escenarios después de 37 años, ¿cómo afronta esta nueva etapa?
—Con muchísima ilusión y agradecimiento a la vida y, especialmente, a José María del Castillo, porque Fedra es uno de los personajes más complejos y fascinantes del teatro clásico y de la tragedia universal. Una mujer con una lucha interna que la consume, una mujer poderosa, vulnerable, pasional, valiente irónica, sensual, dubitativa... Y poder interpretarla hace que esté saboreando y disfrutando de este regalo segundo a segundo. Si a eso añadimos que el regreso fue pisando el imponente y mágico escenario del Teatro Romano de Mérida, y ahora teniendo la oportunidad de girar por España con esta obra, es un auténtico sueño hecho realidad.
—¿Por qué nadie debería perderse Fedra en los infiernos?
—Porque esta reformulación mezcla la parte clásica con una energía muy contemporánea. No es una obra solemne ni lejana, es muy viva, ágil y emocional. Todo eso puede acercar el teatro clásico a la gente más joven, que quizás cree que estos textos son algo más pesados. Por otro lado, en esta versión conocemos una parte de Fedra que va más allá de su mito. Hace inmersión en su parte más humana. Rompiendo la cuarta pared, se desnuda emocionalmente ante el público haciéndoles partícipes y cómplices de cada uno de sus pasos a lo largo de la función.
—¿Qué siente al ver que su trabajo está siendo reconocido por miles de personas?
—Mucha felicidad y agradecimiento. Este reconocimiento no es tan solo para mí, sino también para todos mis compañeros de Fedra en los infiernos, que hacen un trabajo excelente. Compartir escenario con todos ellos, con Julio Peña, Marc Bonín, Alejandro Albarracín, Eva Diago, Marta Calvo, Cristina Almazán, Antonio Albella y Yaiza Marcos es tremendamente gratificante.
—¿Qué sensaciones le gustaría generar en el público presente al terminar la función?
—Espero que el público pueda llegar a cuestionarse sus propias creencias o valores. Ojalá que eso genere que, al salir del teatro, puedan reflexionar y conversar entre ellos sobre lo que acaban de vivir como espectadores.