LA ENTREVISTA
Juan José Almagro es de Úbeda, tiene 76 años y una prodigiosa trayectoria profesional a sus espaldas. Entre otros cargos, fue director general en Mapfre. Hoy presenta en su ciudad el libro “Por esos cerros...” que recoge algunas breves reflexiones que este articulista y conferenciante impenitente ha ido hilvanando en el último año y medio sobre Trump, la guerra, la corrupción, la desigualdad o la situación de los derechos humanos. Las convulsiones nuestras de cada día. Ideas y artículos de un hombre pausado que reivindica la necesidad de trasladar el espíritu renacentista-humanista de Úbeda al mundo entero.
—¿Por qué el título tan ubedí de “Por esos cerros...”?
—Se llama así en recuerdo a la leyenda de los Cerros de Úbeda, que al decir de Julio Llamazares, son “mundialmente conocidos por representar una de las ilusiones que todo hombre alimenta desde la antigüedad: la de perderse temporalmente o para siempre en un lugar tan recóndito que nadie pueda encontrarlo”.
—¿Cuál es la reflexión que destacaría entre todas las que incluye usted en el libro?
—La que habla sobre lo mal que lo estamos haciendo los seres humanos, que estamos confundiendo progreso con velocidad. Para conseguir lo que queremos buscamos atajos y cuando vas rápido y buscas atajos, lo normal es que termines despeñándote.
—¿Se refiere al poder?
—Estamos en un mundo dirigido por los magnates de las finanzas que solo piensan en incrementar sus ganancias. En este mundo vanidoso solo se busca la codicia y el éxito, en vez de buscar la excelencia. Los baby boomer hemos sido incapaces de dejar un mundo mejor a los jóvenes y eso es algo por lo que tenemos que pedir perdón y reconocer lo que hicimos mal. Muy, muy mal.
—¿Debemos tomarnos las cosas con más calma?
—Tendríamos que ver las cosas con más tranquilidad, sinceridad y verdad. Y ahí los medios de comunicación deberían jugar un papel fundamental.
—En su libro habla de la corrupción que nos asola. ¿Cree que tiene remedio?
—La recomendación fue el antecedente inmediato del amiguismo que a veces es la puerta de entrada a la corrupción que ahora vemos a diario. Luchar contra ella debería ser la primera de nuestras obligaciones y también de quienes nos gobiernan. Porque lo grave no es que haya corrupción y desigualdad. Lo grave es que nos parece lo más normal del mundo, cuando podríamos ser capaces de acabar con ella.
—¿Por qué reivindica tanto el humanismo?
—Porque deberíamos hacerlo renacer y no resignarnos a lo que pasa. No vemos que la corrupción puede acabar con la democración y con la sociedad.
Carmen Jiménez