LA ENTREVISTA
Baeza se consolida, un año más, como epicentro del talento musical joven con la novena edición del Baezafest. Un encuentro de grandes agrupaciones y figuras relacionadas con el mundo de la orquesta, como la directora Isabel Rubio, que cuenta con experiencia en algunas de las orquestas más importantes del país y fue invitada para dirigir la Orquesta Joven de Andalucía. Además, Isabel Rubio presentó recientemente su trabajo discográfico bajo el sello IBS Classical, al igual que afronta nuevos compromisos profesionales por todo el territorio.
—¿Qué significa para usted asumir la dirección de la Orquesta Joven de Andalucía como directora invitada?
—Es bastante importante seguir en contacto con los músicos jóvenes, porque ahora mismo tienen una técnica increíble y son capaces de interpretar cualquier tipo de repertorio, como la monumental Sinfonía Alpina de Richard Strauss. Además, tienen una entrega absoluta al proyecto y la energía que se puede ver en un concierto de la Orquesta Joven de Andalucía es increíble. Me encanta dirigir orquestas jóvenes.
—¿Qué sensaciones tiene delante de los músicos?
—Para realizar el concierto necesitamos ensayos y trabajamos juntos durante varios días. Lo que destacaría es su entrega, su responsabilidad y su calidad. Estoy muy contenta con el trabajo, porque todos persiguen un objetivo común y existe un ambiente muy sano.
—¿Qué diferencias puede encontrar entre una orquesta profesional y una joven?
—Las orquestas profesionales tocan juntas todos los días, porque forman parte de un mismo entorno laboral, y eso se nota en la experiencia compartida. La diferencia con una orquesta joven está, sobre todo, en la actitud. Estas formaciones se reúnen durante periodos cortos para interpretar repertorios muy exigentes y, muchas veces, son las primeras ocasiones en las que los chicos afrontan esas obras. Ese entusiasmo y ese brillo siempre se percibe claramente.
—Qué valores considera imprescindibles para quienes quieren dedicarse profesionalmente a la música?
—Lo primero es amar la música. Después, tener responsabilidad por el trabajo propio y ajeno. También es fundamental el compromiso, la empatía, el concepto de grupo y trabajar siempre hacia un objetivo común.
—¿Qué siente al dirigir obras como la Sinfonía Alpina de Richard Strauss e interpretadas por músicos tan jóvenes?
—Lo siento todo. Desde que empezamos la obra hasta que terminó, parecía que había estado en trance. Cuando bajé la batuta sabía que había pasado algo muy grande. Pude experimentar todas las emociones imaginables.