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“El legado de Graciela”: Una historia de memoria, heridas y esperanza

12-09-2026 / 20:43

Es la quinta novela de María del Carmen Campos Fernández

LA ENTREVISTA

María del Carmen Campos Fernández (Sevilla, 1958) presentó su quinta novela, “El Legado de Graciela” en la Estación de Linares-Baeza ante un público formado por amigos y aficionados a la lectura. La novela, ambientada en la España de posguerra utiliza una historia familiar. El concepto del legado es fundamental: no se refiere únicamente a lo material, sino también a los recuerdos, silencios, valores, sufrimientos y secretos que pasan de padres a hijos.

—¿Cómo nació en usted la historia de su novela?

—Una compañera de un club de lectura me habló de cuatro niñas que se habían criado en un orfanato y de una mujer que se las llevó. Aquellas pocas cosas que me contó se quedaron rondando en mi cabeza, y como no pude investigar más sobre aquella historia, dejé volar mi imaginación y empecé a escribir sobre qué había sucedido esas cuatro niñas.

—Las cuatro protagonistas viven situaciones especialmente difíciles...

—Sí. Son cuatro niñas que están solas y que son sacadas del orfanato por una mujer que las utiliza para su propio beneficio. El lector irá descubriendo qué sucede, es una parte muy dura de la historia, pero sirve para mostrar la fuerza que tienen las hermanas y cómo se protegen entre ellas.

—La novela habla de un legado. ¿Qué significa ese legado dentro de la historia?

—No es un legado material, sino espiritual. Lo que Graciela deja a su hija es su amor y el amor y la unión entre las cuatro hermanas. Ese es el verdadero legado de Graciela: el cariño, la unión y la fuerza que se transmiten unas a otras.

—¿Qué mensaje o enseñanza quiere transmitir al lector?

—El mensaje principal es el amor fraterno, el amor entre hermanos, porque creo que el amor puede con todo. Los padres tienen un papel importante en enseñar a sus hijos a cuidarse, ayudarse y permanecer unidos. En mi novela, las hermanas tienen esa fuerza porque se apoyan las unas a las otras.

—Ha querido que su literatura tenga una vertiente solidaria

— Sí. Parte de la recaudación de mis libros se ha destinado a la lucha contra el cáncer y a las iniciativas de las Chicas 10. Cuando presenté “El baile de la amapola” toda la recaudación fue para ellas. Lo hice incluso antes de que me diagnosticaran el cáncer.

—¿Qué significa para usted escribir en momentos difíciles?

—Cuando me siento mal, lo único que necesito es escribir, me convierto en otra persona. Tengo problemas de oído y mucho ruido, pero cuando estoy escribiendo ese ruido desaparece. Es como si dejara de ser yo y me metiera completamente en la historia.