Como dice el dicho, “cada maestrillo tiene su librillo”, y como todo en la vida, cada uno aprende según los avatares del destino. El mundo de la cocina todavía es uno de aquellos reductos donde la experiencia es un valor incontestable, que vale igual o más que una formación reglada. Ese es el caso de Pedro Morales, jefe de Cocina del Complejo Juleca, que atesora la friolera de medio siglo trabajando en los fogones.
Morales es uno de los grandes artífices de que Complejo Juleca fuese galardonado el pasado mes de abril en el Salón Degusta con la distintivo Oro de Degusta Jaén, un sitio en el que ha encontrado la estabilidad definitiva después de recorrer decenas de cocinas. “Empecé siendo un chiquillo, tenía trece años cuando empecé a trabajar en la cocina de un bar, por la noche. Por la mañana estaba en el colegio y por la noche me iba a un bar”, indica el bailenense de 62 años. Sus primeros pasos los dio en su municipio en el Hotel El Paso y tras el servicio militar, donde también estuvo en cocinas, puso rumbo a Tenerife, donde estuvo varios años hasta su vuelta a Jaén. Tras un periplo en Bailén, recaló en el Juleca en 1992 como extra de un año, aunque este periodo se extendió: “Pele quería que me quedara allí y yo no quería, yo quería estar un poco más suelto, y al final me quedé en el Juleca 8 o 9 años. Ahí aprendí muchas cosas gracias a Pelegrín, mi jefe, que le gusta mucho la cocina y siempre está encima de lo que hacemos”, añade.
Así, en 2010 volvió de nuevo a la que puede llamar casa, un lugar donde “es fácil trabajar”. “Se trabaja mucho y hay estrés, pero porque es un sitio muy grande y la organización de eventos es muy concienzuda. Aún así, te permiten mucha libertad para crear, para hacer los platos que tu quieres”, comenta el cocinero.
En este sentido, Morales describe su recetario como andaluz, “pero con muchos toques de otras culturas”. “Me gusta mucho la fusión, la cocina andaluza con la árabe, también con la japonesa. Es una forma de ampliar el paladar, tanto el mío como el del cliente”, agrega. Aunque, su principal influencia y base, ahonda, es su madre, “la profesora perfecta”: “Yo no la voy a superar nunca, era una mujer impresionante, espectacular en la cocina, pues, ella también estuvo trabajando en hostelería”.
En este sentido, su recetario en el Complejo Juleca es muy variado, siguiendo una cocina tradicional, donde la especialidades son las paletillas de cordero asadas, manitas de cerdo o el rabo de toro, a los que se suman sus creaciones para el catering de eventos. “Cuando creo algún plato, lo creo porque sale desde lo más hondo de mí, desde el alma, entonces lo que pienso, lo que hago lo plasmo en el plato y en los sabores”.