El municipio cazorleño volvió a confirmar ayer por qué BluesCazorla sigue siendo uno de los grandes templos europeos del blues. Desde primeras horas de la tarde, las calles de Cazorla respiraban música, con un ambiente que mezclaba a aficionados veteranos, nuevos seguidores y visitantes llegados de distintos puntos de España y del extranjero, todos unidos por una misma pasión. La jornada transcurrió entre conciertos cargados de personalidad y una atmósfera que convirtió cada rincón del municipio en un escenario improvisado. El público respondió con entusiasmo a cada actuación, disfrutando tanto de los momentos más eléctricos como de los pasajes más íntimos, donde el blues volvió a demostrar su capacidad para emocionar y conectar con quienes lo escuchan.
Uno de los grandes protagonistas del día fue, una vez más, el ambiente. Terrazas llenas, calles repletas de conversaciones sobre música y un ir y venir constante de guitarras, armónicas y camisetas de bandas históricas conformaron la banda sonora visual de una jornada que mantuvo vivo el espíritu del festival desde la mañana hasta bien entrada la madrugada. La organización volvió a mostrar su experiencia en la gestión de un evento de referencia internacional, con una programación variada y un desarrollo fluido que permitió al público disfrutar de cada propuesta sin perder la esencia cercana que caracteriza a BluesCazorla desde sus inicios. Cuando cayó la noche, el recinto principal vivió algunos de los momentos más intensos del día.