LA ENTREVISTA
Alicia Fernández Gallego-Casilda, natural de La Carolina, es Doctora en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad Autónoma de Barcelona y autora de Líneas de falla, poemario ganador del Premio Complutense de literatura 2025 en categoría de poesía. El jurado destacó “la coherencia de su propuesta estética”, y ha sido publicado por Ediciones Complutense. Líneas de falla hace un recorrido por territorios físicos y emocionales marcados por la fractura: Chile y España, ciudades, volcanes, glaciares, desiertos y cordilleras.
—¿Qué significó para usted recibir el Premio Complutense por Líneas de falla?
—Lo más interesante ha sido que puede haber un diálogo en torno al libro; una siente que ha sido invitada a una fiesta o a una conversación. Recibir ese reconocimiento ha sido algo que he disfrutado mucho y me ha llevado a lugares muy bonitos, como a la Feria del Libro de Madrid, donde siempre había soñado con estar.
—Hay en el poemario una sensación constante de movimiento: abandonar ciudades, cambiar de territorio, ¿es un libro sobre el desarraigo?
—Si, es un libro sobre una forma más compleja de desarraigo, o una suerte de búsqueda. Está pensado como un viaje, y al final, terminan en un retorno. El último poema del libro, después de atravesar Chile y esos paisajes, a veces nórdicos, a veces desérticos, acaba en Andalucía, que es mi tierra.
—El poemario habla de derrumbes, catástrofes y miedo, pero también de reconstrucción y de luz...
—Sí. Me interesaba mucho pensar en una nueva forma posible de convivir con lo inestable, de pensar que esa vulnerabilidad que tenemos ante el territorio es una condición compartida. De hecho, el cuerpo es uno de los territorios del libro. Quería hacer ese paralelismo entre la fragilidad del territorio y la nuestra: la del mundo físico que nos acoge, pero también la de nuestros cuerpos o incluso la del tejido social.
—El jurado definió su escritura como “poesía desnuda, firme, sin redobles innecesarios”, ¿se reconoce en esa descripción?
—Si, me interesa no renunciar a la tradición más clásica, más española o incluso más andaluza. Pero es verdad que, por mi formación —soy traductora de inglés y he vivido en el extranjero—, tengo esa influencia de algo quizá más prosaico, que tiene más que ver con lo anglosajón, con una escritura más contenida.
—¿Cómo cambia la perspectiva de un libro saber que ha sido elegido entre 52 propuestas?
—Lo más importante es pensar que un grupo de personas lo han leído y que se han conmovido lo suficiente como para querer que lo que sea representativo de este premio sean estos poemas.