El fútbol tiene caprichos que rozan la literatura, pero lo que ocurrió hace casi dos décadas en un vestuario del Camp Nou supera cualquier guion de ficción. En plenos preparativos para la gran final del Mundial que enfrentará a España y Argentina, una fotografía se ha adueñado por completo de las redes sociales hasta convertirse en un fenómeno global incontestable. En ella se ve a un tímido Leo Messi de 20 años ayudando a bañar a un bebé de apenas cinco meses ante la mirada de su madre. Ese lactante, que sonreía ajeno al peso de la historia, era Lamine Yamal.
Lo que hoy se interpreta como una obra del destino nació, en realidad, de la solidaridad. La imagen forma parte de un calendario benéfico impulsado por la Fundación Fútbol Club Barcelona y el Diario Sport a favor de UNICEF, concebido en 2007 y publicado de cara al año 2008. Aquella iniciativa, que se extendió durante seis ediciones desde 2005, destinaba el 50% de sus ventas a proyectos para la infancia en los países menos desarrollados, uniendo a los grandes ídolos del club —como Ronaldinho, Xavi, Puyol o Iniesta— con niños de diversas nacionalidades.
La presencia de Lamine Yamal en el mes de enero de ese almanaque fue fruto del azar absoluto: sus padres decidieron inscribir al pequeño en el proyecto sin sospechar jamás que terminaría compartiendo encuadre con el mejor jugador del mundo. En la foto se puede palpar la timidez inicial de un Leo que no sabía muy bien cómo sostener al bebé, y cómo la enorme sonrisa de Lamine terminó por romper el hielo. Desde luego que fue una casualidad de la vida, que pocas veces se dan.
Hoy, diecinueve años después, aquella tierna instantánea adquiere una dimensión mística. Aquel bebé que chapoteaba en una bañera de plástico es hoy la gran esperanza del fútbol español con solo 18 años, y se verá las caras en el partido más importante del planeta contra el mismo hombre que una vez le echó agua por encima. El destino ya ha jugado sus cartas; ahora les toca a ellos decidir sobre el césped.