Noche de “Peteneras” en Puente Guarnillos

19 ene 2021 / 11:39 H.
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En la verea de primavera del 2017 escribía sobre la subida a Puente Guarnillos: ”... Después de comer y de la sobremesa, iniciamos el ascenso al puente Guarnillos, que es duro, muy duro, vamos más duro que “el cuerno de un señorito”. En 5,2 km se asciende desde la cota 787 metros (Arroyo Frío) a la 1.641 metros de altitud (Monte Guardahornillos), es decir un 16,43%, eso sí, el ascenso es espectacular por las vistas que se divisan del valle y las montañas de su alrededor ... ”. Al llegar a puente Guarnillos, por cierto es el puente de la tres mentiras, pues no hay arroyo, ni río alguno, por supuesto tampoco puente, y el lugar donde se encuentra en una hoya a más de 1.600 metros. El hatero ya nos tenía preparada ¡hasta la cena! y la noche prometía un cielo estrellado espectacular, vamos de cine, como se dice vulgarmente.

¡Ah! Amigo mío, este año las cosas han cambiado, pues la tarde de mayo con una temperatura espléndida y un cielo azul del pasado año, se transformó en una tarde noche fría de aúpa; llegamos hasta los 2ºC de temperatura ¿Agua? Más que cuando enterraron a Zafra (ese era de mi pueblo), y como unas imágenes valen más que mil palabras, aquí quedan:

Cuando era chavea, en la escuela, mi maestro D. Juan Malpica me enseñó una cancioncilla: “Que llueva, que llueva la Virgen de la Cueva, y que caiga un chaparrón que rompan los cristales del camino de la Estación...” (Lo que sigue no lo escribo), aquí por pocas se rompe el tenderete que tienen los Carlillos para resguardarnos del sol en los sesteros de primavera (je, je, je) y del agua, y del frío, en la verea de invierno, por decir algo. Contemplar el vídeo y veréis.

<i>A la mañana siguiente ya no llovía y gracias a Dios el día se aclaró.</i>
A la mañana siguiente ya no llovía y gracias a Dios el día se aclaró.

En conclusión: Esa noche parecíamos legionarios de maniobras; nos faltaba tan solo “la cara pintada”, pues la cabra la teníamos, la caballería también, y los fusiles de asalto, “los cetmes”, los habíamos cambiado por los garrotes; estábamos completitos: ¡No nos faltaba de ná! Buenas noches.

Miguel Mesa Molinos. Aprendiz de pastor.

La Trashumancia