Los mansos y el vadeo del río de la Vega (Paraje de Nubla)

28 dic 2020 / 23:59 H.
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—Primero nos situamos—

En la verea de verano, cerca de Chilluevas, hay un “hito” muy significativo que es el paso del Río de la Vega por el “Vado Palomo”. Este río tiene como afluentes el Cañamares, que lo cruzaremos cerca del Molino de La Puente, y el río Cerezuelo; a este tramo del Río de la Vega los pastores le llaman “Nubla”, pues está cerca de la Ermita de Nubla cuyos orígenes, aunque imprecisos, parecen ser del S.XVII, y del Torreón de Nubla, construcción de la segunda mitad del siglo XIII, de la que tan solo quedan los cimientos de una torre del homenaje cuadrada (12 metros de lado), de la que todavía subsiste su muro norte.

—Los mansos—

Una vez situados, vemos como la verea trascurre por lugares que en épocas pasadas tenían importancia tanto religiosa (Ermita de Nubla) como militar (El Castillo de Nubla). En esta zona hay que vadear el Río de la Vega en un tramo, Vado Palomo, donde en épocas que hay poco caudal de agua es relativamente fácil, pero cuando llueve en primavera el cauce presenta un caudal de agua importante, de tal manera que las ovejas no lo atraviesan así como así, dándonos pie para hablar de la figura de los mansos.

¿Qué son los mansos? Son carneros castrados, a los cuales se les coloca un cencerro, y cuya finalidad es hacer de guías en el rebaño por ser especialmente pacíficos. A la hora de pasar arroyos o ríos cuando llevan abundante agua, o simplemente salir por un portillo de una cerca, el pastor los llama con un grito o un silbido; los mansos que por lo general caminan casi al final, se ponen al frente del hato, pasando a ser los primeros, llevándose detrás todo el rebaño.

Los Carlillos se sienten, al igual que la mayoría de los pastores trashumantes, muy orgullosos de sus mansos; ellos tienen seis ejemplares de colores variopintos con el fin que se vean bien en el hato. Los eligen cuando son chotos; el criterio: su experiencia y olfato de pastor. Desde pequeñillos los educan para que vayan delante del hato “regañándoles” como se suele decir, y acompañando a los mansos mayores de los que van aprendiendo, al igual que los perros careas. Este año “Roqui”, un perro de nueve meses de la raza Collie, era la sombra de Moro del que aprendía su trabajo; me decía Daniel que ahora en los Campos los separaban para que haga su trabajo sin necesidad de tener a Moro a su lado. La verdad que Roqui ha tenido un maestro de primera especial ¡Moro es mi debilidad!

—“Vado Palomo” en el Río de la Vega—

Las ovejas cuando ven un simple charco de agua no lo pisan y menos lo atraviesan ¡ni por casualidad! En las imágenes siguientes se puede comprobar lo que digo.

Si no son capaces de pasar un charco ¿Cómo vadearán un río? Esa pregunta me la hacía llegando muy de mañana desde los Portillos al paraje de Nubla, donde había que atravesar el Río de la Vega, que este año bajaba con bastante caudal, por la zona conocida como Vado Palomo.

Al llegar a la ribera, el hato se paró en seco delante del agua.

Al final y mediante una maniobra digna de un estratega militar, y tras situar a los mansos al frente del hato, y después de varios intentos, las ovejas vadearon el río pasando a la otra orilla. En el vídeo se observa toda la maniobra. Son 7 minutos ¡apasionantes! Yo me encontraba situado estratégicamente detrás de unos matorrales para que no me vieran las ovejas y así no estorbar. Lo mejor el final. Por cierto al choto ya le han echado el ojo para futuro manso, su aptitud y valentía así lo demuestran.

Al final el hato pasó el río, y esperamos pacientemente la llegada de la Guardia Civil para seguir camino por la carretera A-6201 hacia el sesteo en el Molino de la Puente junto al río Cañamares.

*Miguel Mesa Molinos. Aprendiz de pastor

La Trashumancia