El “Hospital de día” de los Hermanos Valle

19 ene 2021 / 12:15 H.
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Cuando conocí por vez primera a los “Carlillos” en la Matea, Domingo el hermano mayor, me dijo una frase lapidaria: “Ten siempre en cuenta que los animales son los primeros en la verea”. En aquel momento no me di cuenta de la transcendencia de lo que me decía, pero al cabo de 8 vereas tengo las cosas muy claras al respecto.

Este año los Hermanos Valle: Doroteo, su hermano Paco y su hijo Paco, nos llevaban un día de delantera en la verea, coincidiendo con ellos el último día en los Campos, pues nos dejaban libre la tiná para que pudiéramos meter esa noche el hato, y hacer el apartado de las ovejas al día siguiente.

<i>El hato, ya en los campos, llegando al final de la verea. Al fondo la tiná.</i>
El hato, ya en los campos, llegando al final de la verea. Al fondo la tiná.

A media mañana fuimos, Domingo y el que suscribe, de avanzadilla a ver a Los Valle. Estaban ya recogiendo y Doroteo se fue de inmediato con el hato para la Matea; su sobrino Paco, se quedó recogiendo ya lo último. Mi fijé en el remolque y me sorprendí al ver en su interior a unas cabras, y a Paco entrar presto a la tiná a recoger a su perra carea India. Le pregunté por qué las dos cabras, una madre y una chota, estaban en el interior del remolque, y qué le pasaba a India para que fuera también allí, a lo que me respondió contándome unas historias llenas de cariño a sus animales, pues además de la ovejas y las cabras, los careas y los mastines también forman parte de hato.

<i>Paco Valle hijo, por cierto de profesión: pastor, preparando el remolque antes de iniciar su marcha.</i>
Paco Valle hijo, por cierto de profesión: pastor, preparando el remolque antes de iniciar su marcha.

Me contó que una mañana en la marcha observaba a una cabra que se iba dando unos “calamochetazos” con todo lo que se encontraba en el camino, y su cría, una chota vivaracha, la seguía totalmente despistada. Por desgracia la cabra se había quedado ciega; la cogió, la metió en el remolque y también a su cría, hasta que llegaran a la Matea. Le pregunte: ¿Y después qué? A lo que me contesto, con todo lo grande que es, que por desgracia no tenía solución, pero que iba a vivir fenomenal en el cortijo, pues bastaste tenía con ser ciega.

Sobre su carea India me contó que después del sesteo en Arroyo Frío se marcharon por la tarde hacia el Puente Guarnillos, que por cierto les llovió de tal manera que se les “calaron hasta los calzoncillos”; cuando llevaban andando un rato observo que India no venía detrás del hato, extrañado, volvió hasta llegar al improvisado corral en el parque de Arroyo Frío, y después de buscar por los alrededores, encontró a India debajo de un árbol: ¡Había parido a tres criaturas! Así que volvió con el remolque y para adentro, la perra y sus crías, junto a la cabra y la chota. El remolque ya se había convertido en un: ¡Hospital de día volante!

Continuamos con la historia un mes más tarde:

LOS PACIENTES DEL HOSPITAL DE DÍA YA ESTÁN EN PLANTA

El “Hospital de día” de los Hermanos Valle

Los días 29 y 30 de junio se celebraron las fiestas patronales en La Matea, a las que tuve la suerte de asistir y sobre todo de participar, y allí me encontré a mi amigo Doroteo Valle al que le pregunté cómo iba el “hospital de día”; me respondió de forma tajante: “La cabra y su chota ya están en planta” ¡Toma ya! Mañana mismo te envío unas fotografías que lo atestiguan.

Y cumplió su palabra.

<i>La madre bastante recuperada de la ceguera y su inseparable cría, ya más mayorcita, en el patio de la tiná de los hermanos Valle.</i>
La madre bastante recuperada de la ceguera y su inseparable cría, ya más mayorcita, en el patio de la tiná de los hermanos Valle.

Continuó diciéndome que la cabra madre ya veía perfectamente con uno de los ojos, y que el otro iba por buen camino. Como Doroteo es parco en palabras, seguí interesándome sobre el tema, y le pregunté qué tratamiento había seguido para este milagro, a lo que me contestó: He aplicado la “medicina tradicional”. No hago la transcripción del método aplicado siguiendo el “tratamiento tradicional” pues para que alguien piense: ¡Eso no te lo crees ni tú!, pero a los resultados me remito ¡La cabra ve que te cagas! Sé que es una grosería, pero aclara el estado de nuestra querida “mamá”.

Me acordé con esto de la “medicina tradicional”, que en cierta ocasión, hace por lo menos 15 años, y por razones que no vienen al caso, fui a visitar a una familia a la aldea de La Ballestera. Para el que no la conozca, es una aldea de Santiago-Pontones que está en la nueva carretera de Pontones a Hornos, pero por aquel entonces el acceso se hacía a través de una pista forestal. Mi primo Santos me acompañó. Cuando llegamos estaba pálido y con el cuerpo con “mucha fatiga”. En esta aldea, por cierto la verea de invierno pasa por ella el 1º día, vivían una colonia de “hippies” que eran personas que se adherían a una subcultura con orígenes en el movimiento de contracultura de los años 1960 y seguían “métodos alternativos” en su forma de vivir; Uno de estos “hippies” le preparó a mi primo un mejunje o brebaje siguiendo la medicina tradicional, que tan solo ver su aspecto, se le quitaron de repente todos los males, no obstante mi primo por no hacerle el feo al “artista” se lo tomó y la verdad que mejoró.

El método de medicina tradicional que Doroteo le está aplicando a la cabra, es por el estilo al que aplicaron los “hippilones”, como dicen los serranos, a mi primo... (je,je,je) Lo malo que la cabra no puede quejarse, pero gracias a Dios está dando resultado.

Luego le pregunté a Doroteo ¿Qué me cuentas de India y sus perrillos? Calla, calla... Me tienen más de “mediao”, de momento ya tienen dueños de acogida, pero son más traviesos y juguetones que ¡ná!; hay que tener un cuidado con los “tres artistas” que a la menor de cambio se salen de tiná, eso sí, serán unos careas de primera.

Esto que Los Valle han hecho, contrasta con tanto “hijo de su madre” que deja a sus perros tirados por ahí, si no los apalean y ahorcan, y de eso tengo dos experiencias con dos mastinas que las cuidó mi hija de “familia de acogida”, hasta que fueron adoptadas por dos familias francesas. A ambas les puse de nombre: ¡Pastora! en honor a todos los ganaderos trashumantes que tanto cuidan a sus perros; tal vez no les hagan ninguna “cuquimona” como le hacemos los urbanitas, pero a cuidarlos no hay quien les ganen.

Miguel Mesa Molinos. Aprendiz de pastor

La Trashumancia