Ana Julia Quezada defiende que mató a Gabriel por “accidente”

“Simplemente le tapé la boca para que se callara”, declara la acusada

11 sep 2019 / 08:51 H.

Ana Julia Quezada reconoció ayer, durante su declaración en el juicio con jurado que se sigue en la Audiencia de Almería, que “dio muerte” al menor Gabriel Cruz cuando ambos se encontraban en la finca de Rodalquilar el 27 de febrero de 2018, aunque insistió en que lo asfixió por “accidente”, tras taparle la boca y la nariz con una mano. Añadió que no se vio capaz de confesar los hechos por lo que, tras 12 días de búsqueda, desenterró el cuerpo que había ocultado y lo llevó a su casa de Vícar, donde tenía la intención de “quitarse la vida”. La acusada detalló a las preguntas de su defensa, ejercida por el letrado Esteban Hernández Thiel, que ante el “revuelo mediático” que se dio por la desaparición del niño de ocho años comenzó a tomar tranquilizantes, los cuales transportaba en su coche en el momento en el que fue intervenido por los agentes de la Guardia Civil que practicaron su detención momentos antes de que consiguiera entrar en su vivienda de Vícar con el cuerpo del pequeño Gabriel en el maletero.

“No tenía intención de hacerle daño a nadie”, dijo la acusada, quien en reiteradas ocasiones durante su declaración, en la que evitó las preguntas de la acusación particular ejercida por Francisco Torres “por respeto a la familia”, pidió perdón. “Pensaba dejarlo en el garaje de Vícar. Que me perdone todo el mundo”, dijo antes de detallar su intención de dejar unas cartas explicando “todo lo que había pasado”.

“Perdóname hija mía, perdóname Ángel y toda la familia, que me perdone Dios por lo que he hecho, pero todo fue un accidente”, dijo Quezada mirando a la cámara dispuesta para grabar la vista oral.

La acusada sostuvo la tesis de que la muerte de Gabriel fue accidental y no una actuación premeditada, tal y como señalan la acusación particular y la Fiscalía, que solicitan para ella la prisión permanente revisable. No obstante, y aunque reconoció en todo momento que asfixió al pequeño con sus manos, no fue capaz de precisar cómo lo hizo, por qué lo desvistió antes de enterrarlo para ocultar sus ropas ni por qué no avisó a los servicios de emergencias, aunque asegurara que quisiera contarlo todo. Además, la acusada explicó que el 27 de febrero de 2018 salió después de comer en la casa de la abuela de Gabriel en Las Hortichuelas hacia la finca de Rodalquilar, en Níjar (Almería), para pintar tras ofrecerle a ambos que le acompañaran, según dijo. Tras partir con el coche, y según su versión, se encontró con Gabriel en el camino de tierra que conducía a casa de sus primos y le pidió que le acompañara con el pretexto de que posteriormente le llevaría para que pudiera jugar con ellos.

Una vez dentro de la finca, y mientras ventilaba la estancia, aseguró que Gabriel entró en la habitación con un hacha en la mano, por lo que se habría iniciado una discusión para que la dejara. “Empezó a gritarme y a decir ‘A mí no me mandas, no eres mi madre, negra fea, tienes la nariz fea, no quiero que estés con mi padre y quiero que mi padre se case con mi madre y te vayas a tu país’”. “Simplemente le tapé la boca para que se callara”, añadió para asegurar que no tiene más recuerdos de lo que ocurrió después. “Usé las dos manos, fue un momento muy rápido”, dijo a la hora de precisar que se dio cuenta de que no respiraba “cuando lo solté”. “Le puse la mano en el pecho y no respiraba”, insistió la acusada.