Un manto que sigue abrazando a los vecinos de la Estación de Huesa cada agosto

La Virgen de la Aurora continúa siendo el nexo de unión entre los muchos oriundos de la aldea
Procesión por las calles de la Estación de Huesa acompañada de los vecinos. / Ana Lechuga / Diario JAÉN
Ana Lechuga

La Virgen de la Aurora sigue llamando cada año a los muchos nacidos y criados en la Estación de Huesa, la pequeña pedanía perteneciente a Cabra del Santo Cristo. Cada agosto, entre los hijos de la Estación de Huesa hay una fecha señalada: el regreso. Vuelven los que un día tuvieron que marcharse. Llegan desde lejos, con maletas, con niños que ya nacieron lejos del pueblo, pero que aprenden enseguida que hay lugares a los que se pertenece para siempre. Regresan quienes llevan meses contando los días, quienes guardan en la memoria el sonido de la campana, el olor de las noches de verano y las calles donde aprendieron a ser quienes son. La Estación de Huesa los recibe como siempre: con sus casas, sus calles y sus rincones llenos de recuerdos.

En estos días la aldea despierta de una manera especial. Las puertas se abren, los saludos se multiplican y los abrazos tienen ese calor inconfundible del reencuentro. Porque aquí no solo se vuelve a un lugar; se vuelve a la infancia, a los padres y abuelos, a los amigos, a las raíces. Y en el corazón de ese regreso está la Virgen de la Aurora. Las fiestas son celebración, pero también memoria y gratitud. Bajo su mirada se encuentran generaciones distintas: los pocos que nos se fueron, los que regresan cada verano y los que vuelven aunque solo sea por unos días. Todos comparten una misma emoción cuando llega el momento de honrar a la Virgen, porque en esa tradición hay algo que permanece intacto a pesar de los años y la distancia.

Cuando llegan estos días de agosto, el camino parece conducir siempre al mismo sitio. A la casa familiar, al encuentro con los amigos, a las fiestas de la Virgen de la Aurora. Y así, año tras año, la Estación de Huesa vuelve a ser punto de encuentro. Los mayores transmiten sus recuerdos; los jóvenes descubren las tradiciones; los niños corren por unas calles que, con el tiempo, ellos también aprenderán a echar de menos. Porque hay pueblos que se habitan, y hay pueblos que se llevan dentro. Este pueblo es uno de ellos. Después de la misa, con la ermita llena, los vecinos se turnan para llevar a la Virgen por la calles de la estación. Es un día festivo, y el coro rociero le canta a la Virgen en cada sombra del camino, la veneran, le lanzan sus vivas y se fotografían con ella. Después, vuelve a su ermita, y comienza la convivencia en la verbena.

Cuando termina la fiesta y llega la hora de marcharse, nadie se va del todo. Queda una promesa silenciosa: volver el próximo año. Volver a ver a los de siempre, volver a escuchar la campana, a sentir el calor de la gente y volver a mirar a la Virgen de la Aurora con la misma emoción. Y mientras los coches abandonan la aldea, la Estación de Huesa queda atrás en silencio. Pero permanece encendida la memoria y la devoción.

Entre los vecinos que acompañaban a la santa, Juan Silva García, presidente de la Asociación Cultural Estación de Huesa, comentó que “para los que se cían aquí, la ilusión es juntarse y la Virgen es un vínculo especial que hacer estar aquí a todos”. José Tejero Ligero: “Yo llegué aquí en el año 70. He trabajado 40 años en la Rende cuando encontré el amor y me casé en esta misma ermita”. En el caso de Francisco Moreda Castro, relataba que nació en esta aldea pero ya no vive aquí: “Cada año venimos a la fiesta de la Aurora y pertenecemos a la asociación”. Virtudes Márquez Castillo: “Mi familia es ganadera y venimos siempre aquí a los pastos del verano. Desde que conocí la fiesta de la Virgen de la Aurora no falto”. La teniente alcalde de Cabra del Santo Cristo también dedicó unas palabras a esta tradición para que “esas personas que vivieron en la estación, vuelvan a revivir su infancia y recordar a todos lo que se hacía aquí entonces”.