Miraelrío rinde homenaje a sus raíces en las Fiestas de Los Colonos
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Las leves brisas que emanaban del embalse del Giribaile en la tarde de ayer, supusieron un respiro a la intensa jornada de calor con la que Miraelrío dio la bienvenida a sus III Fiestas de Los Colonos. La pedanía vilcheña engalanó sus singulares calles para recibir con los brazos abiertos una celebración que se ideó con un propósito claro: que los que un día salieron a buscarse el pan, supieran que siempre tendrían las puertas abiertas para volver, aunque fuera por tan solo unas horas. La salida en procesión de San Isidro, el plato fuerte de la jornada festiva —aunque sea más común verlo por las calles de los municipios jiennenses cuando mayo asoma por el calendario—, estuvo amenizada por los sones de la Charanga “Los Marchosos”, que sacaron a bailar a cada vecino que se encontraron a su paso, mientras los portadores del santo caminaban entre los últimos rayos de sol.
El Labrador bendijo con su mirada los olivares que contornean el núcleo desde su salida de la Iglesia de Santa María Medianera. En silencio, los vecinos de la pedanía oraron porque el estío no hiciera mella en el fruto que se recogerá cuando el frío vuelva en los últimos meses del año, pidiéndole a la divina imagen que las altas temperaturas no se prolonguen más allá de septiembre. Entre vítores y plegarias se llegó hasta la Plaza del Ayuntamiento, donde la fiesta prosiguió con la verbena dispuesta por el Ayuntamiento de Vilches, aderezada con las viandas y los refrigerios dispensados por el Asador Chumi. Entre risas y bailes, la oscuridad cayó sobre El Condado y la música volvió a ser el epicentro de la programación. El Dúo Larios puso el ritmo para una noche inolvidable con una actuación enmarcada en su “Evolution Tour”. La gira las llevará a recorrer buena parte de la provincia durante el mes de agosto, con paradas en Solera, Porcuna, Vilches, Mogón, Alcaudete o Linares.
Entre copa y copa, el verdadero objetivo de las III Fiestas de Los Colonos emergió como la luna: los reencuentros que tanto se ansiaron volvieron a brillar. Las anécdotas, las historias, las aventuras vividas bajo la atenta mirada del Giribaile se volvieron a evocar en una noche tórrida, pero con la satisfacción de ver a los que en el transcurso del año tan lejos quedan. Así lo reconoció Manuela Momblán, alcaldesa pedánea del núcleo vilcheño: “La intención desde que nacieron estas fiestas es similar a las celebraciones del emigrante que se realizan en otras poblaciones: que los que un día tuvieron que salir, tengan en su pueblo un día dedicado a ellos”. Y no solo de verbenas vive Miraelrío, pues durante la semana también se realizaron diversas actividades con los más pequeños como protagonistas. Entre ellas, destacaron las colchonetas acuáticas que se levantaron para sobrellevar la intensa canícula que trae agosto.
Las fiestas de San Isidro en Miraelrío se viven como un emotivo punto de encuentro y convivencia estival para vecinos, hijos y nietos de los colonos que fundaron el pueblo hace ya 56 años. Según destaca la alcaldesa pedánea, Manuela Momblán González, estas celebraciones buscan atraer a cada vez más gente para pasar un buen rato y pedir al santo salud y buenas lluvias. Además, como señalan vecinos como María Teresa Gascón, Antonio Jesús Martínez, Ana Vico y Antonio Martínez, esta fiesta veraniega —llena de música, baile y procesiones a pesar del calor— ha tenido una gran aceptación desde sus inicios y cumple el importante propósito de dar vida a la localidad permitiendo el regreso y la reunión con quienes un día tuvieron que mudarse fuera.