Lopera se rinde al Cristo Chico del Humilladero en el colofón de sus Fiestas Mayores
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Entre vítores y ovaciones, la feligresía celebró la solemne procesión del Cristo Chico del Humilladero en el municipio de Lopera. Una fecha marcada por la devoción y la pasión que se respira todos los años entre sus fieles.
Los vecinos y visitantes disfrutaron de la Feria y Fiestas en honor a los Santísimos Cristos de la Vera Cruz y el Humilladero, que comenzaron el pasado 22 de agosto para poner el broche final durante la jornada de ayer. Y qué mejor forma para despedir los días festivos que con el acompañamiento a la sagrada figura, siempre tan presente en las familias loperanas.
Por eso, sobre las 21:30 horas, una multitud de fieles se reunió a las puertas de la parroquia de la Inmaculada Concepción, donde se encontraba el Santísimo Cristo del Humilladero. Allí, esperaron la preciosa salida de la imagen desde el templo, a la que acompañaron por las calles del municipio para llevarla de vuelta a su ermita. Una de las citas más esperadas a lo largo del año y que reflejó el profundo sentimiento transmitido en el seno familiar. Aunque, del mismo modo, también sirvió como oportunidad para recordar a los seres queridos que ya no están, pero que siempre participaron en los actos litúrgicos en honor al Cristo del Humilladero.
Así, la vinculación con la venerada imagen se dejó ver con el multitudinario acompañamiento, encabezado por las autoridades municipales y eclesiásticas. Sin embargo, la feligresía no decepcionó, y el Santísimo Cristo del Humilladero fue esperado por todos los rincones del recorrido, donde los vecinos y visitantes esperaron su paso. Al igual que la Banda de Música Pedro Morales, de Lopera, que fue la encargada de ofrecer las notas musicales para amenizar la jornada y enriquecer la esencia cultural que caracteriza a la cita.
Todo el pueblo se volcó para disfrutar de una tradición totalmente arraigada a sus vecinos, y que, además, es el fiel reflejo de la identidad municipal. La autenticidad de sus gentes y de las costumbres siempre destacaron en Lopera, especialmente cuando llegan fechas tan destacados como la de los Santísimos Cristos.
Para los vecinos de Lopera, la procesión del Cristo es el reflejo vivo de sus raíces y su devoción compartida. Juan María Camacho Izquierdo destacó la fe y la unión del pueblo al asegurar que “el Cristo significa compartir buenos momentos con la familia” y que “no hay una casa sin un hermano”, mientras que Paco Medina Bueno subrayó el carácter vivo de la fiesta al sentirla como “una soldadesca, con sus soldados, armas y salvas”, pidiendo que “se mantengan las costumbres y lo que es su esencia e identidad”. Por su parte, la emoción intergeneracional quedó plasmada en el testimonio de Alejandro Cavanas Clara, para quien fue “un gran honor” poder llevar la imagen tras esperar “desde pequeño” hasta tener “la altura y la fuerza” necesarias. La tradición familiar y la proyección del día también movieron a Gema María Revillas Alcalá, quien lo vivió como “una tradición familiar desde que somos pequeños” y “un día emotivo para acabar las fiestas y compartir los valores con el pueblo”, un fervor que suscribió Carmen María Pedrosa del Pino al definirlo como “uno de los momentos más esperados del año” que disfrutó plenamente junto a su marido.