Las dos caras de la moneda: Agua en el olivar y aceituna en el suelo

Preocupación por la pérdida de fruto y alegría por la recuperación hídrica
Olivares de Frailes, con la aceituna por el suelo y, además, prácticamente enterrada.
Manuela Rosa Jaenes

Nunca llueve a gusto de todos y también es complicado que los agricultores estén plenamente felices. Las últimas borrascas dejan huella en la provincia y, como en cualquier moneda, tienen su cara y su cruz. La cara no es otra que la generosidad del agua, que llena pantanos, fuentes, veneros y contribuye a la recuperación de la situación hídrica de una tierra con demasiado estrés. La cruz se aprecia claramente: tajos parados y aceituna en el suelo. Representantes de organizaciones agrarias coinciden en señalar que queda alrededor de un treinta por ciento de los olivares pendientes de recolección y que se prolongará en el tiempo una temporada que, seguramente, llegará hasta la Semana Santa. También hay dudas acerca de la calidad.

Luis Carlos Valero, gerente de Asaja en Jaén, subraya: “Mi visión es positiva, porque me parece muy interesante que se recarguen los acuíferos y los pantanos y que tengamos garantizado el abastecimiento y el regadío”. Añade: “Veremos a ver qué pasa con el treinta por ciento de cosecha que queda por recoger”. Asegura que hay zonas en las que ya está todo el trabajo terminado y otras que van por la mitad: “Es muy irregular”. Admite que la aceituna que está en el suelo contribuirá a una merma del rendimiento y, por lo tanto, de la calidad. Apunta: “Está claro que quien se adelantó no se le ha caído y el que la que tiene mecanizada se la lleva de calle. Como se cumplan los pronósticos, saltamos el año hidrológico”.

Un olivar de Los Villares, ejemplo de cómo está el campo en estos días.

Francisco Elvira, secretario general de COAG en Jaén, dice que todavía es pronto para hacer una valoración exhaustiva, fundamentalmente porque el campo no está para pisarlo. Sí da por garantizada la reducción de la cantidad y el retraso generalizado de la campaña y muestra su preocupación por las infraestructuras. “Hay muchos caminos, sobre todo en las zonas de campiña, que no están bien cimentados y están hechos polvo”, señala. Y agrega: “El 80% de la aceituna se ha caído y queda por recolectar un tercio”. Eso sí, reconoce que el agua viene “muy bien” en un momento de inducción y selección floral del cultivo, además la garantía para regar.

Antonio Guzmán, gerente de Cooperativas Alimentarias, aplaude la generosidad de las últimas precipitaciones: “Es una bendición para el año que viene, para el campo, para los veneros, para que se recuperen las fuentes recuperen y para que tengamos reservas hídricas, estamos muy contentos”, indica. Ahora bien, el problema está en la aceituna que se encuentra por los suelos: “Habrá una pérdida considerable de producción porque en terrenos arcillosos se embarra y no se puede recoger”. Señala el “equilibrio” que hay que buscar en las almazaras en una situación en la que no entra fruto y, sin embargo, hay gente contratada. “Por encima de todo prevalece el agua”, manifiesta. Antonio Guzmán lamenta daños como los que produjo un tornado en Porcuna. “Hay que tener espíritu optimista; la buena noticia es que no hay sequía, es un agua que no hace escorrentías y muy suave”, concluye.

Jesús Cózar, secretario general de UPA en Andalucía, expone un ejemplo claro a la pregunta de “¿cómo repercuten las lluvias en el olivar?”: “Para mí, que he terminado la aceituna, me viene genial, para mi hermano, que no, fatal, que está perdiendo prácticamente todo, porque está en el suelo y las lluvias la entierran”. Muestra su preocupación por la pérdida de calidad, pero también expresa satisfacción por el agua almacenada, buena para las reservas y, por supuesto, para la preparación del olivo con vistas a la próxima campaña. “Eso sí, esto no resuelve el problema, porque tiene luego que llover en primavera y en otoño, si no, nos pasará como este último año”, asegura. Para la gente del campo es bueno que llueva. Jesús Cózar apunta también el obstáculo para las infraestructuras, con caminos rurales “intransitables”, sobre todo los secundarios, llenos de desperfectos. Esta es la radiografía de las consecuencias de las borrascas cuando quedan otras por llegar.

La mano de obra se va a otras provincias para buscar tajo

Temporeros trabajan en la aceituna. / F. Gaitán / Diario JAÉN.

Es la otra cara de la moneda. Los albergues, algunos ya cerrados, permiten tres noches de estancia a cada temporero. Los empresarios que facilitan vivienda a sus empleados no se pueden permitir el lujo de continuar con más gastos mientras los tajos están parados. A los “currantes” tampoco les salen las cuentas con tantos días de brazos de cruzados. La acumulación de borrascas en la provincia hace que la mano de obra se esfume como el humo de un cigarro y, cuando escampe, el problema será quién recoge la aceituna que queda. La vida del temporero es un no parar. Viajan por toda España de una provincia hacia otra y enganchan tajo tras tajo para poder subsistir. Jesús Cózar, secretario general de UPA en Andalucía, asegura que, después de la aceituna, hay trabajos bajo techo, casi todos en invernaderos, que ya están en marcha, como los frutos rojos de Huelva, los cultivos de hueso en Lérida, los cítricos de Valencia o el espárrago de Navarra. “Esto hace que muchos jiennenses se queden sin cuadrilla”, dice. “Se habrá ido muchos, porque llevan mucho tiempo sin conseguir un jornal”, expone Luis Carlos Valero, gerente de Asaja, quien tampoco considera que, a estas alturas, suponga un obstáculo la merma de temporeros. “La gente se apaña bien”, añade.

En la misma línea se expresa Francisco Elvira, secretario general de COAG en Jaén: “Se empiezan a ir muchos porque a mediados de febrero comienza el Ramadán”, pero terminaremos como sea. Expone, eso sí, que las cooperativas tienen la obligación de seguir abiertas hasta el final. “En realidad llevamos treinta y cinco días de aceituna”, apunta. “Ese es otro de los daños colaterales”, expone Antonio Guzmán, gerente de Cooperativas Alimentarias aunque se muestra optimista: “Lo que queda se recogerá con esfuerzo y una buena organización”. No hay más remedio.

Por otro lado, la mayoría de los trabajadores de cooperativas y almazaras de la provincia están contratados de forma eventual, es decir, exclusivamente mientras dura la temporada de la recolección de aceituna. Son muchos los que, en los últimos días, están de brazos cruzados, porque no entra ni un tractor, en muchos casos, durante toda la jornada. Los directivos se ven obligados a ingeniárselas para que continúen con su contrato hacia adelante, aunque cada caso es un mundo y hay quienes se adaptan a las circunstancias de forma desigual, porque no es lo mismo un pueblo pequeño que grande.

Mario Moreno Martínez, SCA Sagrado Corazón de Jesús de Mancha Real, dice que al estar menos gente, tienen que apretar un poco más. “Por lo menos un 90% de la aceituna recogida ya es de suelo”, añde. Asimismo, Antonio Araque Pareja, de la misma cooperativa, afirma que llevan muchos días parados y que este año es malo. “Queda un mes y mucha aceituna no se recogerá”, agrega. “No echamos los días completos. Vamos por horas y nos ponemos chorreando. Hay mucha aceituna ya en el suelo”, comenta el agricultor Pablo Fabián González Ortiz. Por otro lado, Alfonso Cózar Tello, SCA San Isidro Labrador de Mancha Reral, dice que la campaña se está alargando mucho y el fruto que viene es de suelo. “Estamos acostumbrados a recogerla de golpe”, acentúa. “La aceituna ya no entra como antes. La poca que había en árbol ya está en el suelo. Además, ahora la tierra tiene que orear”, pone en valor Mari Carmen Fuentes Carrascosa, de la misma cooperativa.